Cuando hablamos de piratas, rápidamente nos vienen a la mente tipos generalmente ingleses, como Francis Drake o Barbanegra (Edward Teach). La realidad es que piratas ha habido siempre, desde los que surcaban el Mediterráneos en época romana hasta los que han inspirado a Hollywood en el actual océano Índico. Lo que normalmente no se tiene en el radar es que España, víctima en su siglo de oro tanto de piratas como de corsarios, también tuvo los suyos propios.
El más famoso de ellos fue un canario de San Cristóbal de la Laguna nacido el 3 de mayo de 1678. Amaro Rodríguez-Felipe y Tejera Machado, más conocido como Amaro Pargo (como la marca de ron), fue uno de esos a los que se le debería poner banda sonora.
Amaro no fue un pirata sino un corsario, título que le otorgó Felipe V en 1714 gracias a un documento encontrado en el Archivo Histórico Militar del Alcázar de Segovia en 2024. Sí, efectivamente, no es lo mismo ser un pirata que un tipo con patente de corso, uno es autónomo y el otro es un contratista o, forzándolo un poco, un funcionario.
Se enroló en la Compañía de Honduras para comerciar entre La Habana y España. El tipo se forró y su cash lo invirtió en su isla de Tenerife, comprando casas y cultivando viñas. Ya, como fo… vividor, tuvo hasta demandas de paternidad. Católico a tope, financió la construcción de conventos como el de Santa Catalina de Siena o iglesias como la de Santo Domingo de Guzmán, lugar en el que se exhumó su cadáver en 2013.

Su Nick fue el de Pargo, es decir, un pez canario muy hábil y escurridizo, ya que se movía en el mar como eso, como un pez. El caso es que el tipo se infló a capturar presas, siendo éstas otros barcos piratas o corsarios que pusieron foco en la armada de la Monarquía Hispánica. La mayoría de ellos fueron barcos ingleses y holandeses que le permitieron conseguir un reconocimiento de hidalguía. Ubicado su cuerpo en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán en San Cristóbal de la Laguna y ubicadas las ruinas de su casa en el barrio de Machado en el municipio de El Rosario, sólo faltaría ubicar su tesoro, del cual no sabemos si es una leyenda o una realidad, pero los expertos dicen que de existir, debe encontrarse o en los roques de Anaga, en Punta del Hidalgo o en la cueva de San Mateo.


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Gracias, como siempre, por recordarme algunos hechos históricos y otras por aprenderlos de tus relatos