Si hablamos de la conquista del oeste, rápidamente nos viene a la cabeza la música de Ennio Morricone o un Séptimo de Caballería con una melodía de corneta que todos hemos canturreado alguna vez cuando jugábamos a indios y vaqueros de pequeños. Lo que las pelis no nos cuentan es que esa caballería vestía y operaba inspirada en los dragones de cuera, la caballería hispana en Norteamérica. La cuera era una chaqueta de piel resistente a las flechas que daba nombre a unos soldados que eran más duros que un vasco bebiendo pacharán.

Rodeados de tribus indias, aseguraban más de 4.000 km de frontera en aras de proteger las rutas comerciales, misiones y asentamientos. También se les llamaba soldados presidiales porque este nombre de presidio era el vocablo español para lo que los gringos denominarían fuertes. Los primeros presidios se construyeron en 1570.
La chaqueta de cuera sin mangas estaba confeccionada con hasta siete capas de cuero. Además, portaban un sombrero que los guiris pasaron a llamar el ten-gallon hat, que era una adaptación cutre de la expresión “sombrero tan galán”, ya que galones, lo que se dice galones, no tenía. Todos debían vestir uniformados según lo dispuesto por el marqués de Casafuerte en 1729. Además, cada dragón contaba con 6 caballos, un potro y una mula, puesto que los territorios a controlar eran extensísimos. Cuando un caballo se cansaba lo abandonaban y sustituían por otro. El PACMA todavía no existía.
Para ser un dragón había que superar un casting en el que se debía medir más de metro y medio, tener más de 16 años, estar sano, ser católico y estar libre de pecados graves. Así pues, la raza no importaba y había dragones que podían ser criollos, mestizos, indios, españoles, es decir, de tó. El reclutamiento era voluntario.
La Comanchería (término hispano para referirse a Oklahoma, este de Nuevo México, sureste de Colorado y Kansas y este de Texas) siempre tuvo roces con el límite norte de Nueva España y los dragones tenían su propio grito de guerra: “Santiago y a ellos”. Los dragones controlaron desde California a Florida, desde Texas a las Dakotas y desde las Rocosas hasta Alaska. Pese a lo que insinúa el relato, las buenas relaciones con las tribus era la norma y ahí esta el ejemplo de Texas, que es un nombre que se pronunciaba “teyshas”, que significa “amistad” y que proviene de los indios caddos.
A partir de 1778 se les fue sustituyendo por soldados más ligeros, sin cueras, con armas de fuego modernas y entre ellos estaban las Compañías Volantes, los Húsares de Texas, las Compañías de Infantería de Voluntarios Catalanes y los Cazadores de Nueva Vizcaya. Tras la retirada de España, los dragones entraron en declive y desaparecieron totalmente cuando México fue derrotada ante EEUU. Hoy, el relato que nos ha llegado de la conquista del oeste ha venido de la mano de los John Ford y compañía, y así nos va.

Descubre más desde Relatos de la Historia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.