La historia de un pueblo no se conserva únicamente en sus monumentos. También permanece escondida en libros parroquiales, testamentos, partidas de bautismo, actas matrimoniales y registros de defunción. Son papeles que, vistos de manera aislada, pueden parecer rutinarios, pero que reunidos durante siglos permiten reconstruir la vida de una comunidad: quiénes fueron sus habitantes, cómo se relacionaron, qué enfermedades padecieron, cuándo llegaron las épocas de abundancia y de qué manera afrontaron guerras, epidemias y crisis.
Corral de Almaguer contó con un importante Archivo Parroquial en el que se guardaba buena parte de esa memoria colectiva. Sus fondos permitían seguir la historia de generaciones enteras de corraleros y ofrecían una fuente imprescindible para estudiar la evolución demográfica, social y religiosa de la villa. Sin embargo, una parte considerable de aquella documentación dejó de encontrarse en las dependencias parroquiales y acabó depositada fuera de la localidad.
Se ha planteado la posibilidad de que algunos fondos salieran de Corral durante las desamortizaciones del siglo XIX, especialmente las impulsadas por Mendizábal y Madoz. No obstante, esa hipótesis no aparece acompañada de una prueba tan precisa como la que existe para otro episodio mucho mejor conocido: la retirada de numerosos libros parroquiales durante la Guerra Civil.
El hecho tuvo lugar el 30 de septiembre de 1938. Ese día se presentaron en las Casas Consistoriales de Corral de Almaguer, Fernando Gallego y Ramón Martínez Pita, enviados por la Junta Delegada de Incautación, Protección y Conservación del Tesoro Artístico Nacional. Llegaron 20 días después de que esa misma junta de Incautación se llevara 115 obras de arte con destino a Madrid gracias a Thomas Malonyay y Gustavo de Lafuente. Este organismo de incautación, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y de la Dirección General de Bellas Artes, había sido creado para intervenir, proteger y trasladar obras de arte, libros y objetos históricos amenazados por la guerra. Otros aseguran que estos objetos nunca corrieron peligro y que su fin no era el protegerlos sino el financiar una guerra mediante una mayor internacionalización del conflicto. Que cada cual piense lo que mejor considere.
El presidente del Consejo Municipal hizo entrega de los bienes y se levantó el acta correspondiente. Gracias a la conservación de ese escrito conocemos con bastante exactitud lo sucedido. La relación menciona en primer lugar cuarenta volúmenes procedentes del Archivo Parroquial de Corral de Almaguer, encuadernados en su mayor parte en pergamino y pertenecientes a diversas fechas anteriores a 1850.
Junto a ellos se entregó un ejemplar sin cubiertas de la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, escrita por Gregorio Mayans y Siscar y publicada en 1751. Se trataba de una obra especialmente significativa, pues Mayans fue uno de los grandes intelectuales de la Ilustración española y el autor de la primera biografía verdaderamente relevante de Cervantes. Su presencia entre los fondos retirados demuestra que el patrimonio conservado en Corral no se limitaba exclusivamente a los registros sacramentales y a los libros litúrgicos.
El acta llevaba el membrete de la Junta de Incautación y estaba identificada expresamente con el nombre de Corral de Almaguer. En ella aparecían las firmas del presidente del Consejo Municipal y de las dos personas autorizadas para hacerse cargo de los bienes, además de los sellos oficiales correspondientes. El destino inicial se definía como un depósito provisional de la propia Junta.
Aquella provisionalidad, sin embargo, terminó prolongándose. Los volúmenes emprendieron un camino que los llevó fuera de Corral de Almaguer y finalmente quedaron depositados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid de la C/ Serrano 115. Allí se conserva también mucha otra documentación esencial para conocer la historia de la villa, como libros parroquiales y fondos relacionados con la Orden de Santiago y con la administración de la antigua encomienda corraleña.
La retirada de los libros debe comprenderse dentro del contexto excepcional de la Guerra Civil. Durante aquellos años, numerosos archivos, iglesias, conventos, bibliotecas y colecciones particulares fueron destruidos, saqueados, dispersados o trasladados. La actuación de los organismos encargados de proteger el patrimonio permitió salvar muchas piezas, aunque también provocó que algunos bienes permanecieran durante décadas lejos de sus lugares de origen. Conservación y desarraigo aparecen así como las dos caras de una misma historia.
En el caso de Corral, el acta de 1938 tiene un valor extraordinario porque evita que la desaparición de los volúmenes quede reducida a rumores o recuerdos transmitidos oralmente. Acredita la fecha, el número de libros, su procedencia y las personas que intervinieron en la entrega. Lo que no proporciona es una descripción individual de los cuarenta ejemplares.
La posibilidad de reclamar el regreso de esos fondos plantea una cuestión compleja. Más allá del debate jurídico sobre su propiedad, existe una reivindicación histórica y emocional difícil de ignorar. Los libros fueron creados y utilizados en Corral de Almaguer; contienen los nombres, nacimientos, matrimonios y fallecimientos de sus habitantes y forman parte de la identidad de la localidad. Su retorno permitiría reunir una memoria que quedó dividida por los acontecimientos del siglo XX y que carece de total sentido. De momento, y cortesía de la 2ª República, si quieres investigar sobre tus ancestros, has de visitar dos escenarios, cuando lo lógico sería que estuvieran concentrados en un solo archivo, en el de Corral, pero eso es una idea personal que, por supuesto, no necesariamente debe ser compartida.
Al mismo tiempo, cualquier iniciativa debería garantizar su correcta conservación, catalogación y consulta pública. Recuperar los libros no consistiría únicamente en trasladarlos físicamente, sino en asegurar que puedan ser estudiados, digitalizados y conocidos por investigadores, genealogistas y vecinos. Una reproducción digital completa, si la devolución material no fuera posible, supondría al menos una forma de restitución histórica.
Aquellos cuarenta volúmenes no son simples objetos antiguos encuadernados en pergamino. En sus páginas permanece escrita una parte de Corral de Almaguer que todavía espera ser reconstruida. Son la voz silenciosa de generaciones de corraleros y el testimonio de una memoria que salió del pueblo en plena guerra y nunca terminó de regresar.
Adjunto las signaturas de esos volúmenes ubicados en el Archivo Histórico Nacional de la C/ Serrano 115.

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