Italia tuvo su Leonardo da Vinci y España ¿también tuvo su Leonardo? El español inventó el teleférico. En Suiza se partieron la caja con él porque dijeron que era muy peligroso emplearlo para el traslado de personas. Curiosamente, lo terminaron comprando años más tarde cuando ya no hubo dudas sobre su seguridad. El teleférico de las cataratas del Niágara (entre la Ontario de Canadá y EEUU), por ejemplo, sigue tal cual después de un siglo (abrió sus puertas en 1916) y a día de hoy está pintado con los colores de la bandera de España.

Ideó la mecanización del cálculo, materia en la que fue la mayor autoridad mundial. Inventó la calculadora, es decir, el aritmómetro electromecánico.
La navegación en vuelo era un reto entonces y presentó con éxito un proyecto ente las academias de París y Madrid, pero en Londres le pusieron a parir porque consideraron que una enorme bolsa llena de hidrógeno y con motores de combustión era muy arriesgada y poco segura. Desaconsejaron su dirigible con un interior de cables flexibles que dotaban de rigidez al aparato y le conformaban como el más eficiente del momento. En 1911 construyó un dirigible autorígido y los franceses le compraron la patente. Con esta patente, Francia le vendió dirigibles a UK, EEUU, Rusia y Japón y sirvieron para neutralizar a los submarinos alemanes.

También inventó el mando a distancia gracias a la emisión de ondas hertzianas y lo presentó, con patente incluida, en la Academia de Ciencias de París.
El gobierno lo subvencionó y creó un centro de ensayos de aeronáutica para resolver la navegación aérea y la teledirección de dispositivos. Se cogió el frontón Beti Jai de Madrid para construir su dirigible. En un vehículo terrestre puso su telekino receptor en un coche con baterías y motor eléctrico, es decir, hablamos de la teledirección del primer coche eléctrico de la historia. También estaba pensado para teledirigir naves y aeronaves. Las pruebas fueron en la Casa de Campo de Madrid. Gracias a su sistema de control remoto sin cables, recibió un reconocimiento en 2007 por el IEEE norteamericano.

En 1914 formuló un tratado de Automática, es decir, definió una ciencia que no existía. La base era su telekino con IA construido en el Beti Jai. Con él, una nave podía tomar decisiones y no debía esperar al mando a distancia. Los autómatas debían tener energía, sentidos y miembros para poder actuar, es decir, estaba definiendo lo que es un robot. Estamos hablando de un español de 1914. Por eso, el menda inventó una máquina de ajedrez que, ella solita se encendía y jugaba. En 2012 Google se enteró y lo identificaron como el primer juego con computadora. Inventó lo que hoy definimos como IA y la Scientific American de entonces le dedicó un gran artículo y vaticinaron que la máquina de nuestro Leonardo sustituiría algún día a la mente humana.

También figura en 1920 como inventor del primer ordenador gracias a su aritmómetro electromecánico. El teclado era una máquina de escribir que mandaba la orden a una impresora que recibía las señales, incluyendo, además, una memoria como parte del procesador. A todo esto, hoy lo llamamos informática, IA, robótica, etc.

¿La gente conoce al cántabro Leonardo Torres Quevedo? Ni flowers, ¿verdad? Typical spanish! Hasta un ingeniero y matemático francés, Philbert Maurice dOcagne, se preguntó en 1930 si nuestro Leonardo era el mejor inventor de aquel tiempo. ¿Tú, como lo ves… le conocías?

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Gracias, Marcelino. Un grande entre los grandes. Además de él, tú también