Si preguntamos por Cebreros, pocos sabrían ubicarlo dentro de nuestra geografía, pero se trata de un pueblo de Ávila que tiene su aquel. Para algunos es el pueblo del primer presidente democrático, es decir, la localidad natal de un tal Adolfo Suárez. A otros les debe sonar el nombre porque en su término municipal está instalada la estación de seguimiento de satélites de la ESA (Agencia Espacial Europea). Pues bien, para Isabel la Católica este fue “horribilia” o lugar horrible por excelencia.

Cebreros (Ávila)

La reina pasó por este pequeño pueblo hasta en cuatros ocasiones, siendo las visitas pares en las que le sucedió absolutamente de todo.

En su segunda visita de paso a este pueblo abulense, en la entonces llamada calle de los Mesones, tuvo un aborto tardío del que habría sido su primer hijo varón. Era el 31 de mayo de 1475 tras haber pasado una noche de contracciones y de un sangrado vaginal. Por aquel entonces la reina solo había dado a luz a la princesa Isabel. Este habría sido, estratégicamente, su deseado sucesor, pero no pudo ser. Un médico judío, Lorenzo Badoc, fue quien le extrajo al varón no nato en plena guerra de sucesión castellana, una guerra que aconteció entre 1474 y 1479. Tendría todavía otro aborto de un varón mortinato en 1482, gemelo o mellizo de la infanta María.

Pero aquí no acaba la relación de la reina con Cebreros. Una vez fallecida el 26 de noviembre de 1504, su cuerpo volvió a pasar por estas tierras. Su lecho de muerte estuvo en Medina del Campo (Valladolid), pero su último deseo fue descansar en Granada, la ciudad que puso fin a la presencia musulmana en la península. Había costado ocho siglos expulsarles y su deseo era ese.

La reina Isabel I en su lecho de muerte dictando su testamento

Dicen las crónicas que la peregrinación del cortejo fúnebre ocupó 19 largos días en los que no se divisó ni el sol, ni la luna, debido a que no paró de llover ni de noche, ni de día, según dejó escrito Mártir de Anglería. Les cayó la mundial. Ahora se dice DANA. La comitiva la compusieron 200 personas entre damas, nobles, clérigos, guardias, cocineros, etc, y tuvieron más moral que un legionario en Melilla. A la tipa la trasladaron en ataúd de madera, revestido de metal y ataviada con hábito franciscano. El tiempo fue apocalíptico y al pasar por Cebreros, 30 braceros tuvieron que ayudar a vadear un río que iba demasiado crecido. Es más, fue en este pueblo en donde un carpintero debió reforzar el armazón de madera sobre el que iba el féretro entre unas mulas. Todo muy sexy.

Un 17 de diciembre avistaron Granada y debieron descansar para recomponerse de aquel viaje de perros y aprovechar, asimismo, para adecentar con nuevos paños un féretro que llegó como pudo después de tantas tormentas. Parece ser que nadie quiso abandonar la comitiva en aquellos duros días de finales de 1504.

El 18 de diciembre el cuerpo fue inhumado en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra y hubo de esperar 12 años para ser acompañada por su esposo, que en aquellos años tuvo segundas nupcias con Germana de Foix. Granada entera se vistió de luto.

Su último viaje lo mando hacer su nietísimo, Carlos I, para trasladar a sus abuelos a la Capilla Real adosada a la catedral de Granada, una capilla fundada por ellos. Se pasó por el forro los últimos deseos de su abuela, que prefería la Alhambra. Y ahí sigue.

Figura yacente del sepulcro de los Reyes Católicos
Sepulcro de los Reyes Católicos en la Capilla de Real de la catedral de Granada

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