Mi trastarabuelo es un tipo que no está en el radar del imaginario colectivo de mi pueblo, Corral de Almaguer (Toledo), y es que, aunque su familia residía en la C/ Chacón de esta localidad, también tenían casas en Quintanar de la Orden y Villacañas. Se trataba de una familia de militares. El tipo, de hecho, nació en Villacañas el 21 de mayo de 1817. Me refiero a Manuel Martínez de la Cabeza y Gasco.

Cuando era sargento coincidió con otro joven sargento llamado Juan Prim y Prats, un aristócrata que llegaría a ser presidente del Consejo de Ministros en 1869 y con el que, entre otras cosas, llegó a reconquistar Solsona (Lleida) en 1837, dentro del marco de la primera guerra carlista.

Llegó a teniente coronel y cuidado, que se ganó a pulso en dicha contienda la Cruz Laureada de San Fernando de Primera Clase. Es la mayor condecoración que te pueden otorgar en el ejército y debe tener su razón de ser en una acción de guerra. Protegió a todo un convoy quedándose él solito en la retaguardia cuando ostentaba el rango de teniente. Se encontraba en las avanzadillas que estaban bajo el paraguas de los generales isabelinos Ramón de Meer y Kindelán y Juan Van Halen y Sartí. Se sacrificó por sus compañeros y fue el único prisionero de aquella acción desarrollada en Berga (Barcelona), constando así en informes del 24 de octubre de 1839. Tras esta acción fue encerrado y torturado en el castillo de Cervera (Lleida).

Tras ser liberado un año después, en 1840, recibió la Medalla al Sufrimiento por la Patria y dos meses más tarde participó en la batalla de Peracamps, en donde fue herido en el muslo derecho. En 1842 fue mencionado para Caballero de Primera Clase en la Nacional Militar Orden de San Fernando, medalla que recibió siendo capitán, en 1846, junto a la Cruz de Isabel la Católica, condecoración que también recibió por su participación en Peracamps.

Su historial en el Archivo Histórico Militar del Alcázar de Segovia son legajos que ocupan un metro de altura. No digo más. Por motivos de trabajo coincidí con el capitán general y JEME (Jefe del Estado Mayor del Ejército) don Jaime Domínguez Buj, patrono, precisamente, de la Orden de San Fernando y, efectivamente, tampoco lo tenían en el radar. Me escribió una semana más tarde para decirme que no todo el mundo podía presumir de tener en su familia a un laureado con la cruz más valorada dentro de las Fuerzas Armadas y me dio la enhorabuena. Me dijo que lo habían comprobado y que lo habían incluido en la base de datos de la orden. Parece ser que la última persona viva con tal distinción falleció en 2007, por lo que no es de extrañar y creo que es motivo de orgullo que, todo un JEME se digne a escribirte para felicitarte por un antepasado directo casi 200 años después. Desde la creación de tal condecoración en 1811 se ha entregado en 378 ocasiones, siendo muchas en su categoría de segunda clase o en su versión colectiva, pero de primera clase y a nivel individual, no tantas.

Este héroe de guerra condecorado falleció en 1879 y siempre disfrutó todos sus permisos en Corral de Almaguer, lugar al que acudía siempre que podía puesto que allí residía toda su familia, si bien, en su pueblo natal, Villacañas, ¡ni flowers! En cuanto a mí, soy su chozno, es decir, el hijo de su tataranieta. ¡menudo “palabro” raro!

Cruz Laureada de San Fernando

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