El primer caminante de Norteamérica fue un tal Álvar Núñez Cabeza de Vaca, un jerezano que exploró el sur del actual EEUU desde Florida a Luisiana. Ya hacia el interior, el menda llegó a adentrarse hasta Arizona, la tierra del famoso Monument Valley, más que visto en las pelis del Oeste, para finalizar en el Golfo de California, anexionando todo el territorio al Virreinato de Nueva España. Fue el primer europeo en ver bisontes. Ya con los títulos de adelantado, de capitán general y de gobernador del Rio de la Plata, en un segundo viaje fue quien descubrió las cataratas de Iguazú.

En cuanto a su procedencia, unos dicen que venía de un pueblo de Badajoz llamado Cabeza de Vaca y otros aseguraban que su ancestro era aquel pastor que mostró el paso a Alfonso VIII para vencer a los almohades en Navas de Tolosa, un paso o sendero marcado con cráneos de sus vacas muertas, y de ahí el nombre.
El tipo llegó a América de la mano del gobernador Pánfilo Narváez. El objetivo era conquistar Florida y encontrar la fuente de la eterna juventud. ¡Con un par! Y todo esto, sin tomar ninguna sustancia psicotrópica.
Ya en América, salió desde la base de aquel entonces, es decir, desde Santo Domingo. Partieron 5 barcos con 600 hombres, pero 140 marinos abandonaron «by the face» antes de comenzar y una tormenta en Cuba redujo la cifra de valientes considerablemente. Ya en tierra continental, en Aguas Claras, hoy llamada Clearwater, manda h…, los indígenas les mostraron un camino para encontrar oro. ¡Pa qué queríamos más! Buscaron las Siete Ciudades de Cíbola y Quivira (similares a El Dorado).

En su trayecto sortearon huracanes, zonas pantanosas y más de veinte naciones indígenas diferentes. La sorpresa de encontrar cocodrilos fue mayúscula, de modo que los españoles les llamaban simplemente “lagartos”. Los Chiquitos de la Calzada ingleses “inglesificaron” el término y los llamaron “alligator”. ¡Me troncho!
Tras construirse sus propias barcazas y comer menos que el primer día que fuiste a casa de tus suegros, llegaron al rio del Espíritu Santo, hoy conocido como Misisipi (aquí ya había llegado antes un tal Alonso Álvarez de Pineda). En la isla de Galveston quedaban solo 15 tipos y fueron “acogidos” por los carancaguas, unos indios que los esclavizaron a cambio de comida y así estuvieron 6 años. Ejerciendo de chamán y sin tener ni idea, no se sabe cómo, pero el menda se tiró un triple y salvó al hijo de un cacique. Así, si haces determinados tours por Texas, te confirman que es considerado como el primer cirujano de aquel estado. Como consecuencia, los liberaron. Fueron cuatro los supervivientes: Andrés Dorantes de Carranza, Alonso del Castillo Maldonado, el esclavo Estebanico el Negro, y nuestro Cabeza de Vaca.
Tras buscarse la vida como mercaderes, coincidieron con gente de su expedición y juntos, reanudaron su viaje. Imponiendo manos y rezando en latín, se consagraron en el sector de los curanderos y cantamañanas. Tras haber hecho más kilómetros que una C15, en 1536 y tras 16.000 km, volvieron a tomar contacto con el virreinato en el rio Sinaloa. Estamos hablando de que solo llegaron cuatro mendas de aquellos 600 iniciales.
El mito del oro de las Siete Ciudades continuó y el posterior soldado Andrés Docampo llegaría a caminar 32.000 km. Era gente hecha de otra pasta.

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