Para comenzar a hablar de este pájaro, antes, hemos de hablar del complejo español que, a día de hoy, nos impide utilizar el término Hispanoamérica, un término que debería aludir a 19 países americanos cuyo idioma oficial es el español, es decir, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Ni siquiera hablamos de Iberoamérica para incluir a Brasil, no, lo que decimos es Latinoamérica para incluir a Haití, a la Guayana Francesa y no sé si la parta de Canadá que habla francés. ¡Y esto, en un momento en el que es cada vez más palpable cómo el español gana terreno en el propio EEUU! Pues eso, que no nos sale decir Hispanoamérica y lo que decimos es, ni siquiera Latinoamérica, sino “Latam”, ¡con un par! Yo, personalmente, añadiría algo más, y es que estamos olvidando a los holandeses de Surinam o a las Belice o Jamaica súbditas de la corona británica, al igual que a muchísimas islas de tamaño menor que abundan en el Caribe y que no hablan español, pero cuyos nombres son más españoles que Manolo Escobar cantando el “qué viva España”. Quizás haya que inventar un término más, diferente al de América, para no discriminar a nadie. El complejo, insisto, llega hasta este extremo.

Pues bien, cuando uno comienza a hablar del Imperio español, lo primero que debe hacer es pedir disculpas, y luego, ya, si eso, quizás comiencen a escucharte. Y es que, a diferencia del imperio británico, un imperio que actuaba como metrópolis ante las colonias de ultramar a las cuales les extirpaba las materias primas para luego venderles productos de mayor valor añadido, el imperio o Monarquía Hispánica dotó de derechos a sus habitantes para utilizar términos como provincias, reinos o virreinatos. No hemos de olvidar que, España desarrolló un notable mestizaje jamás visto antes y llevó su cultura, su idioma, fundó ciudades y levantó hospitales y universidades dando un desarrollo a aquellas tierras que nunca antes habían disfrutado. No todo era color de rosa, ya que muchos que debían desarrollar aquellas ideas in situ, viajaban a América con el fin único de hacerse asquerosamente ricos sin más, lo cual, poniéndonos en la situación de aquellos hombres de los s. XVI y XVII, tampoco era de extrañar, pero, a fin de cuentas, los virreinatos en América adquirieron un nivel comparable al de muchos países europeos, y eso, a día de hoy, sencillamente, se omite. Por poner ejemplos, hay que insistir en algo que solemos olvidar sistemáticamente y es que, se abolió la esclavitud y un tal Felipe II creó la jornada laboral de 8 horas. Sí, como lo estás leyendo, redujo la jornada de trabajo antes de que aquello lo implantaran muchos países europeos siglos después.
A esto hay que añadir que, con la llegada de los Borbones a la corona española en 1700, se parte de la idea de que todo lo realizado hasta la fecha se ha hecho mal por parte de los Austrias, y son ellos, los Borbones, los que van a realizar una política de más alto nivel. De este modo, desaparecen las encomiendas y se crea una figura ya existente en Francia que era la del intendente.
Por otra parte, hubo varios hechos que hicieron que la independencia de los territorios de los virreinatos se fuera cociendo poco a poco desde finales del s. XVIII, como la independencia de las 13 colonias de EEUU en 1783, la Revolución Francesa de 1789, la Revolución Francesa de los Haitianos que independizaron a Haití en 1791 y la invasión napoleónica en España en 1808, la cual deterioró y debilitó a España de modo sobresaliente.

Así, cuando se dan los primeros intentos de independencia en América, lo que sucede es una guerra civil, es decir, realistas contra patriotas. ¡Menos mal que en España no hemos tenido guerras civiles! Mientras Inglaterra ayudó a España para contener a Napoleón en la península, en América ayudó a los patriotas independentistas para ampliar horizontes en su comercio, es decir, Inglaterra en estado puro.
Antes, en 1806, emergió la figura del masón Francisco de Miranda, el conocido como “Precursor”, un menda que era criollo y que había luchado en España contra los franceses para, años más tarde, pactar con Inglaterra y EEUU con la intención de liberar Venezuela. Así, en 1806 y 1807, Inglaterra intentó por dos veces invadir el Virreinato del Río de la Plata, pero fueron repelidos.

A mitad de la guerra napoleónica en España, en 1811, determinados sectores de la Iglesia y los criollos en América, es decir, las familias liberales e ilustradas descendientes de españoles y que tenían más poder adquisitivo, comienzan a hablar abiertamente de independencia. Por ejemplo, en el norte, en Nueva España, tenemos las figuras de los curas insurgentes Miguel Hidalgo y José María Morelos que, en 1810 fracasaron pese a obtener importantes victorias.
Y así llegamos a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, más conocido como Simón Bolivar. ¡Menos mal que a los de Podemos, a los de allí y a los de aquí, no les gusta la gente con apellidos compuestos! ¡Me parto! Este tipo era descendiente del rey Fernando III el Santo por parte de madre, descendiente de los financieros alemanes del emperador Carlos I, primo lejano de la actual familia Espinosa de los Monteros e hijo de un menda que era un gran hacendado de plantaciones de cacao que explotaba gracias a esclavos que, a su vez, estaban lejos de la mirada de la ley que imperaba y que prohibía dicha esclavitud. Nacido en Caracas en el seno de una familia adinerada, estamos hablando de un tipo que llegó a compartir momentos con el imbécil de Fernando VII, un menda que en el fondo fue un amargado, puesto que perdió a sus padres muy joven, tras casarse con una española, de nombre María Teresa, la perdió un año más tarde en su Nueva Granada natal por unas fiebres y, sobre todo, fue un amargado porque no contento con todo esto, intentó prosperar en un Madrid en el que fue ninguneado una y otra vez. Tras flipar con la coronación de Napoleón en París, se propuso liberar a su país y para ello, y junto a Andrés Bello, un filósofo, jurista y diplomático venezolano, acudió a Londres a solicitar ayuda, y quien les recibió fue el tal Francisco Miranda en una mansión de cuatro plantas de la época pagada por el gobierno de Londres. A partir de ahí, los conspiradores y masones formaron logias como la Lautaro, llamada así en honor de un militar mapuche. Digamos que aquel edificio fue el epicentro del terremoto que se avecinaba gracias a conspiraciones jodido-masónicas.
El objetivo no era otro que fundar unos estados unidos americanos del sur a imagen y semejanza de EEUU, cosa que jamás ocurriría. De este modo, en 1811, Miranda declaró la independencia de las Provincias Unidas de Venezuela, pero los realistas españoles le vencieron y fue entregado a España por, ¿a qué no sabéis por quién? Exacto, por Simón Bolívar. ¡Menudo pájaro!
Bolívar lanzó la denominada “Campaña Admirable”, obteniendo una gran victoria en la batalla de Cúcuta, en Nueva Granada, y así decretó lo que él mismo llamó “Guerra a Muerte”, cuyo fin era, literalmente, destruir en Venezuela la raza maldita de los españoles. ¡Qué putada debía ser que tus ancestros fueran de esa raza maldita y, además, con abolengo! Esta guerra fue muy cruenta y porque no existían los Convenios de Ginebra en aquel entonces, qué si no, este menda sería recordado como un auténtico criminal de guerra, que lo fue, y es que pasó a cuchillo, sin escrúpulos, a miles de personas por, sencillamente, pensar diferente. Entró en Caracas en 1813 con el título de “libertador”, pero José Tomás Boves le aguó la fiesta muy pronto y lo echó de allí a patadas. Lo de «libertador», por cierto, será el adjetivo que le acompañe ya hasta nuestros días.
Ese mismo año, en el Virreinato del Río de la Plata, Paraguay se independizó y tuvo así, por fin, a su propio dictador, un tal Rodríguez de Francia… y hasta ahora.
En España, al terminar la guerra contra Napoleón en 1814, se mostró un paisaje bastante desgarrador, con una España desangrada de norte a sur, que debía enviar tropas, sin más dilación, a una América que cada vez tenía más ansias de independencia. Así, el felón y absolutista de Fernando VII envió a América 10.000 hombres a cargo del general Morillo. Bolívar huyó como una rata a Jamaica, cosa que siempre hacía cuando perdía, es decir, huir y conspirar, y de este modo, Manuel Piar, un tipo que también deseaba la independencia de Venezuela, dijo de Bolívar que, era el Napoleón de las retiradas. Años más tarde, un tal Karl Marx llamó a Bolívar “el canalla más cobarde, brutal y miserable”. ¡Cómo cambian las cosas y las opiniones de los correligionarios del padre del comunismo, amosnomej…!

En 1816 se independizaron las Provincias Unidas de la Argentina. El gran líder en esta independencia fue José de San Martín, un criollo con pasta y descendiente de la aristocracia española, un tipo que combatió en la Batalla de Bailén y que, ya siendo el Generalísimo del Ejército de los Andes, quiso liberar también a Chile y Perú. Chile se independizó en 1818, pero Perú, la tierra más próspera de América en aquella época, con diferencia, se hizo esperar algo más.
Cuando Bolívar volvió al continente tras una de sus numerosas retiradas, observó que otros le habían adelantado por la izquierda y es que, los cada vez más insurgentes habían hecho avances conquistando territorios al sur del Orinoco. Destacó el ya mencionado Manuel Piar, pero Bolívar consiguió que lo terminaran fusilando en Angostura.

En 1818 Bolívar intentó tomar su Caracas natal, pero nada, siempre daba en hueso, y es que, si primero fue Boves, ahora fue Morillo, ya no con sus 10.000 hombres, sino con una tropa llena de mestizos que se habían alistado al ejército realista para obtener una nueva victoria. Bolívar hizo lo que mejor sabía hacer, huir como una rata.
En 1819 se celebró el Congreso de Angostura y Bolívar, por fin, emergió como el gran líder, triunfando su gran idea de independizar la “Gran Colombia”, un país que estaría formado por las actuales Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador. Tras la Batalla de Boyacá, Bolívar consiguió entrar por fin en Bogotá y los realistas salieron por patas porque si en algo era experto Bolívar, además de por sus famosas huidas, era por pasar a cuchillo a los presos. No se andaba con chiquitas. Famosa y dramática fue la “Navidad Negra” de 1822 en Pasto (Colombia), en donde los días 23 y 24 de diciembre asesinó a todo ser viviente incluyendo mujeres y niños. El tipo se llegó a enorgullecer.

Para contrarrestar aquella derrota de 1819, Fernando VII preparó una flota con 20.000 hombres, pero coincidió que Riego se levantó en la península en contra del rey y logró que se firmara una nueva constitución en 1820 dando inicio al trienio liberal, de modo que los barcos jamás partieron con destino a América. Mientras tanto, Morillo ganó tiempo firmando un acuerdo de paz con Bolívar, pero éste se lo pasó por el arco del triunfo y se hizo con Maracaibo.
Con la Batalla de Carabobo de 1821, con victoria bolivariana, se perdió la conexión entre España y Nueva Granada, pero la guinda para Bolívar fue la Batalla de Ayacucho de 1824, que supuso el fin del virreinato del Perú, emergiendo como dictador Simón Bolívar. Sí, efectivamente, fue un dictador. Solo le quedaba hacerse con las provincias del Río de la Plata, actual Argentina, para ser un gran emperador sin el fantasma de los Borbones.

Tras un congreso en Panamá en 1826, Bolívar se dio cuenta, por fin, de que no había conseguido unos estados unidos sino la balcanización de un territorio que desembocaría en la veintena de países que tenemos hoy, es decir, fracaso absoluto.
De regalo, el Imperio Británico reclamó su dinero, es decir, toda la ayuda financiera que había brindado a Simón Bolívar, y claro, desde entonces, estos países, ya independientes, se percataron de algo muy duro, y es que, sin quererlo, casi que eran súbditos económicos de la corona británica, y efectivamente, ya no han levantado cabeza.
Con este panorama, Bolívar quiso federarse con la España de Fernando VII, y éste le dijo que verdes las habían segado. En paralelo, quiso evitar la separación de la Gran Colombia, pero su gran amigo, José Antonio Páez, ya se encargó de separar Venezuela de Colombia que, se consumó en 1831, un año después de la muerte del propio Bolívar.
Muerto de tuberculosis en 1830, en casa de un tipo de raza maldita, un español llamado Joaquín de Mier y Benítez, rechazó a última hora la masonería y se reconcilió con el catolicismo. No sabemos qué opinarán de esta última decisión de ser católico personajes como Maduro, Boric, Petro, Obrador, Ortega o Correa.
Simón Bolivar llegó a lamentar “los tres siglos de progreso del imperio español”. Los mismos que le ayudaron, los británicos y estadounidenses, son los que le impidieron ser emperador. Su guerra a muerte fue una guerra de exterminio tanto para civiles como militares, ordenando asesinar a prisioneros delante de sus propias familias. Ese fue el auténtico Bolívar que hoy muchos veneran.
Los sediciosos y separatistas bolivarianos se negaron a pagar el 20% a la corona española para pasar a pagar el 50% a la corona británica, gracias, entre otras cosas, al crédito que les consiguió Michael Scott, dando inicio a una deuda de aquí te espero. Si en Londres los tipos de interés eran del 3% de forma generalizada, para los préstamos de los países independizados en Sudamérica fueron del 6%. Los bancos que controlaron la deuda externa de estos países fueron Barclay, Powles & Graham, Herring, Goldschmidt y Rotschild, éste último perteneciente a la familia más rica de la historia. Todos estos bancos tuvieron intereses y explotaron al máximo las minas hispanoamericanas, si bien, el relato, a día de hoy, es otro, es decir, el de una España ladrona y parásita. De hecho, la reserva de oro venezolana que actualmente se ha reducido en un 80% en los últimos años y que, se encuentra en el Reino Unido, viene, en parte, de estos episodios, y si no, que se lo pregunten a Maduro y a unos venezolanos que experimentan una inflación estratosférica día tras día, o a la jueza británica Sara Cockerill que, de momento, dice que las 31 toneladas de oro venezolano seguirán bajo bóvedas londinenses. La secesión de Perú, por ejemplo, la pagó Ecuador, que tardó 150 años en pagar su deuda externa, ¡con un par! Es más, en 1828, todos los países hispanoamericanos quedaron en quiebra técnica y suspensión de pagos, es decir, la alegría apenas les duró una década y de aquello, lo siento mucho, España no tuvo la culpa.

Esta fue la venganza de Inglaterra por la ayuda prestada por parte de España a las 13 colonias de EEUU.
Simón Bolívar llegó a reconocerle a Antonio José de Sucre, libertador de Perú y presidente de la República Bolivariana que, Inglaterra quería un Perú débil, lejos del amparo de España, para erigirse como potencia que liderase a todos los países de América del Sur. Al final de sus días, el imbécil de Bolívar llegó a decir, “He arado en el mar. Hemos perdido todo menos la independencia”.
En agosto de 2022, en Colombia, en la toma de posesión presidencial a cargo del presidente Gustavo Petro, antiguo guerrillero de la organización terrorista M-19 (Movimiento 19 de abril), hicieron desfilar una reliquia, la espada de Simón Bolívar. Todos los presentes en el palco de honor se levantaron para aplaudir, menos un tipo que permaneció sentado y sin aplaudir, un tal Felipe VI (realmente hubo dos personas más sentadas, los presidentes de Argentina y Costa Rica). Sin embargo, el grado de acomplejamiento que hay en España ha llevado a nombrar innumerables calles y plazas por toda España en honor a este sanguinario y a levantar monumentos en Cenarruza-Puebla de Bolívar (Guipúzcoa), Barcelona, Valencia, Garachico (Santa Cruz de Tenerife), Madrid, Cádiz, Teror (Las Palmas), Sevilla, A Coruña, Oviedo, Santa Cruz de Tenerife, San Cristóbal de la Laguna (Santa Cruz de Tenerife) y Bilbao.
Simón Bolívar, en resumidas cuentas, es el máximo responsable de la pobreza actual de Hispanoamérica con respecto al resto de países de Occidente. Simón Bolívar fue el tonto útil y no pasa nada por decirlo.

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Felicidades,
Longanizo culo de hierro no lo hubiera resumido más verazmente.
He leído con atención su diatriba contra Simon Bolívar, y coincido con usted. El hombre fue un desastre. Si todas las revoluciones terminan con un hombre haciéndose con el poder (Napoleón, Stalin, Castro, etc.), ciertamente Bolívar no es la causa de el estado actual del ex Imperio.
Las causas del desastre, bien llamado desastre, se pueden vislumbrar con mayor claridad, si se compara la suerte del Imperio español en América con la del Imperio Portugués en América, en relación a la fatídica decisión de permitirle a Napoleón pasar por el reino de España para “castigar” a el reino de Portugal. Tiros por la culata si los ha habido.
Mi profesor de historia solía decirme que ningún error estratégico de los muchos que ha habido en la historia se compara con la estupidez del error cometido por la corona española al dejar pasar a Napoleón para satisfacer la antigua tirria entre los reinos de España y Portugal. Luego agregaba: “Bueno tal vez el caballo de Troya”. La ceguera por la venganza hacia Portugal, le costo a España un imperio y pasar de la noche a la mañana de potencia mundial a la casi completa insignificancia.
Y para colmo de males, los ingleses en una acción diplomática de esas que cambian la historia, pudieron rescatar a la familia real de Portugal y a 12000 de sus funcionarios y nobles y embarcarlos hacia Brasil desde donde gobernarían el reino de Portugal desde 1808 hasta 1822. Un éxito formidable con una flota rusa en Lisboa y el ejército francés a las puertas.
La familia real del reino de España en cambio fue depuesta, obligada a abdicar y humillada. Y el imperio español descabezado y dejado sin dirección, mando o propósito. Vale la pena repetirlo, tiros por la culata si los ha habido en la historia.
Lo que sigue todos lo sabemos, la anarquía total y la caída en una guerra civil que destruiría toda la riqueza y orden del antiguo imperio. En la batalla de Ayacucho en 1824 Sucre disponía de unos 9000 hombres y los realistas de otros tantos 8900 mas o menos, solo el 2 % de los participantes de esa batalla fueron españoles peninsulares, es decir lo que hoy llamamos español, el resto era criollos, indios, mulatos y mestizos.
Se han dicho infinidad de cosas sobre la debacle, que el imperio era demasiado extenso, que el sistema español demasiado absolutista, que la influencia de la revolución americana y bla bla, bla. El Brasil en 1822, con el retorno de Joao VI a portugal, se constituyo tranquilamente en el Imperio del Brasil, sin disparar un solo tiro, una cuestión de familia. Y luego el Imperio del Brasil haría sentir su influencia sobre todos los estados surgidos del antiguo Imperio Español. Brasil era inmenso, tropical, con la misma influencia de la revolución de USA, y de la francesa, todo lo mismo que el imperio español, agregando que la organización imperial portuguesa era inferior y menos ilustrada que la española.
La única diferencia esta en el destino de las casas reales de España y Portugal. La destrucción de la monarquía española por Napoleón sumió al reino en la anarquía. El salvataje de la monarquía portuguesa por los ingleses le permitió seguir gobernado el reino desde su principal colonia, no produciéndose nunca el vacío de poder que padeció el reino de España y que lo destruiría.
Las cosas no tenían por qué haber sido así. Hay idiotas que al día de hoy insisten con que el imperio español se llevo toda la plata de América. La cantidad de plata que el reino de España saco de las Américas, se ha calculado en 40000 o 45000 toneladas en 300 años. Es aproximadamente la misma cantidad de plata que se produce en el mundo cada 2 años hoy. La cantidad de plata circulante en el mundo al momento del descubrimiento de América se ha calculado en 40000 toneladas. La cantidad de plata no es importante en términos absolutos, sino que ese tiempo la moneda eran los metales preciosos. El reino de España acuño la pieza de a 8 con 321 mg de plata pura, durante todo el imperio español. Fue la primera moneda internacional absolutamente confiable, nunca fue devaluada. Tuvo circulación legal en USA hasta 1851. El reino no estaba acabado ni mucho menos.
El reino seguía siendo poderoso, pero nada podía protegerlo contra la estupidez de los propios españoles. Ser gobernado por un borbón y dejar entrar a casa a el general de la revolución que acaba de decapitar a los borbones. ¿Como se puede ser tan zonzo? Que cara salió la tirria al reino de Portugal.
Es cierto que Lord Palmerston en 1811 diría: “España recuperara su independencia, pero no sus colonias”. Pero también es cierto que, sin la estupidez de las autoridades españolas, el reino no tenia porque perder su independencia y ser destruido. No fueron los ingleses, aunque sacaron ventajas de la situación, fue la zoncera de dejar pasar a Napoleón de los españoles.
Sin esta estupidez la historia pudo haber sido como la del Imperio del Brasil en lugar de balcanizarse.
Bolívar era un idiota, pero las autoridades imperiales le iban a la par.
Muchísimas gracias Hugo, de veras. Como menciono en otros de mis artículos, Fernando VII fue el peor monarca de la historia de España…y con diferencia. Muchas gracias y un cordial saludo.