Los astures tenían su capital en Astorga (León) y se llamaba Astúrica Augusta en época romana, y hay quien dice que el nombre viene de las palabras “Astu” y “Orgia” (aunque el nombre pinta mejor que la despedida de soltera de Pamela Anderson, no, significaba ciudad para celebrar culto a los dioses). Los astures fueron tribus bárbaras según los romanos, aunque eso sí, con oro en sus ríos y montañas, y eso a los romanos les resultó tan sexy que se instalaron en la zona y dejaron puentes, pueblos, etc.

Tras la llegada de los musulmanes, un pequeño reducto de astures se reveló en el 716 con más intensidad que el broceado de Kunta Kinte. Un tal Pelayo, sucesor de los reyes de Toledo, fue capturado y enviado a dicha ciudad, pero cabezón él, tras escaparse, regresó a su tierra para con un centenar de hombres derrotar a Munuza en el 722 en Covadonga. La cosa no fue tan épica como se narra, y es que la hemos mitificado. Es entonces cuando don Pelayo puso la capital en Cangas de Onís y se dio comienzo al Reino Astur y a la reconquista. Don Pelayo llegó a decir: “No quiero amistad con los sarracenos, ni sujetarme a su imperio, porque, ¿no sabes tú que la Iglesia de Dios se compara a la luna que, estando eclipsada vuelve a su plenitud? Confiamos, pues, en la misericordia de Dios, que de este monte que ves, saldrá la salud a España”. ¡Qué pena que no conociera a ZP para que le hubiese hablado sobre la “alianza de civilizaciones”! ¡Seguro que le habría convencido!

Monumento a don Pelayo en Covadonga (Asturias).

Poco a poco se fue ganando terreno a golpe de riñón con Alfonso I y Fruela I. Se llegó a Galicia y Vizcaya y la capital se trasladó de Cangas a Pravia y de ahí a Oviedo con Alfonso II en el 761.

Curiosa fue la llegada al trono de Mauregato, un tipo que firmo con Abderramán I el “tributo de las cien doncellas”, dándole eso, 100 cristianas al año a cambio de estabilidad, lo cual tiene más de mito que de verdadero. Lo cierto es que su reinado se considera el primer feudalismo ibérico. En su reinado, Beato de Liébana se separó de la iglesia mozárabe para iniciar el adopcionismo de Elipando de Toledo por el cual Jesús era un simple mortal al que Dios adoptó o ascendió a categoría divina. Esto supuso una unión con Carlomagno y enfrentamiento contra Toledo.

Tras la Batalla de las Ciénagas, se mandó construir la famosa Cruz de los Ángeles en el 808. Con otro Alfonso, III, llegó el auge del reino ocupando todo lo existente al norte del Duero. Este tipo fue el que ordenó forjar la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias. Y para sorpresa musulmana, la capital seguía descendiendo en latitudes y se trasladaba a León, incorporando en el reino a León, a Galicia y al norte de Portugal. A su muerte, repartió todo entre sus hijos, dejando Galicia a Ordoño II, León a García I y Asturias a Fruela II. El caso es que se fueron muriendo y fue Fruela II el que se quedó con todo, uniendo los reinos de Asturias y León con capital en León, una ciudad que tiene el escudo heráldico más antiguo de Europa.

Esta gente era muy dura, tanto que en el 939, el todopoderoso califa Abderramán III, un tipo con peor carácter que la suegra de Risto Mejide, perdió la Batalla de Simancas junto a sus 100.000 hombres. La victoria fue para Ramiro II pese a estar en inferioridad.  Cuidado con Ramiro II también, que para asegurarse el trono, mandó sacar los ojos y encerrar a todos sus primos y sospechosos de hacerle sombra.

Cova Dominica en Covadonga

Pero si hay cosas que debieran llenarnos de orgullo en estas tierras, son el arte prerrománico asturiano existente entre el s. VIII y s. X, un estilo considerado Patrimonio de la Humanidad y único en el mundo, con Santa María del Naranco a la cabeza, el descubrimiento del supuesto sepulcro del apóstol Santiago con el que se inicia la historia del Camino de Santiago, la Nodicia de Kesos descubierta en el 974, un documento Word que nos enseña la evolución de tres lenguas antiguas como el gallegoportugués, el asturleonés y el castellano, el Fuero de León o primera declaración de derechos en Europa gracias a Alfonso V en el 1017, ser la cuna del parlamentarismo gracias a que a Alfonso IX se le ocurrió recurrir al pueblo llano para la toma de decisiones en León, y tener a Salamanca como la primera institución educativa europea en obtener el título de universidad gracias al papa Alejandro IV en 1255.

León se unió finalmente a Castilla con Fernando II. Asturias dejó de tener protagonismo en detrimento de León y para terminar, dos pretendientes al reino de Castilla zanjaron el tema en 1388 casando a sus hijos y nombrándoles príncipes, y desde entonces, el Principado de Asturias es lo que es, digamos, gracias al abandono de la corona que se fue trasladando al sur. Fue el final de un reino con el que comenzó todo.


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