Los leones de la Cibeles se llaman Hipómenes y Atalanta. Atalanta era una bella dama, una mezcla entre Jane Fonda y Pilar Rubio, una tipa loca por el deporte a la que le gustaba correr, bueno, ahora se dice running. No estaba para amoríos, pero todos estaban locos por ella. Su padre quería casarla, quería tener nietos, pero Atalanta pasaba del tema y se enfundaba todos los días sus zapatillas y se iba al Holiday Gym. El padre le lanzó un ultimátum y la chica le dijo que ok, que se casaría con aquel que consiguiera vencerla en una carrera, y la chica comenzó a vencer a todos los candidatos sin despeinarse.
Mientras tanto, un joven llamado Hipómenes estaba totalmente enamorado de ella, y no quería retarla porque estaba seguro de perder, puesto que estaba fofo y lo de correr, pues como que no era lo suyo. Pero un buen día, acordó con la diosa Diana un trato por el cual podría tener la oportunidad de vencerla. Y llegó el gran día.

Comenzó la carrera y Atalanta pronto comenzó a coger ventaja. De un árbol, Diana hizo que colgara una manzana de oro que deslumbró a Atalanta. Ésta, viendo la ventaja que poseía sobre Hipómenes, decidió parar a cogerla, pero resultó ser adelantada por Hipómenes, bueno, perdón, ahora se dice sorpasso. Diana volvió a poner una segunda manzana de oro en el recorrido y Atalanta volvió a hacer lo mismo, pero esta vez llevaba ya algo más peso. Ya terminando la carrera, Diana volvió a colocar una tercera y última manzana cerca de la meta. Atalanta dudó, pero decidió repetir la operación. Hipómenes la adelantó por tercera vez, pero en el sprint final, las manzanas le hicieron perder velocidad a la chica. Hubo foto finish, y por casi nada, venció el chaval. ¡No se lo podía creer!
Se casaron y fueron felices, y hasta Atalanta se enamoró de Hipómenes. Pero el chico se olvidó de Diana y de devolverle el favor, por lo que Diana se molestó bastante. Un día en el que la pareja pasó a orar al templo de Cibeles, Diana hizo un hechizo por el cual los enamorados no pudieron resistirse e hicieron en pleno templo “la caidita de Roma”, es decir, el acto sexual, con tan mala suerte que les pilló Cibeles, la cual se puso muy furibunda por haber profanado su templo y aprovechando que era la diosa de la madre naturaleza, les convirtió en leones tipo macho alfa que se odiarían y tirarían eternamente de su carro sin mirarse, como en la peli “Lady Halcón”, es decir, siempre juntos pero eternamente separados.

El tema se complica con los leones del Congreso , ya que tienen nombre, Daoiz y Velarde. El escultor fue Ponzano, que antes de ser una calle fue un señor. Realmente hubo hasta tres intentos de poner unos leones en el Congreso. En el último y definitivo intento, Ponciano Ponzano los hizo con el bronce de unos cañones confiscados a los marroquíes en la batalla del Wad Ras en 1860, y parece ser que al distribuir el bronce, la cosa no fue equitativa y uno de los leones pesa más que el otro. Total, que en honor al dos de mayo de 1808, se les bautizó como Daoiz y Velarde. El tema es que por falta de material o no, uno de ellos no tiene testículos, y a petición del Canal Historia, hubo una iniciativa política en 2012 para en tiempos de igualdad, se le pusieran testículos a Atalanta. ¡Manda c…! Menos mal, se paró a tiempo.

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