Marqués de Salamanca

El Rothschild español, el Amancio Ortega del s. XIX, un menda asquerosamente rico, un tipo del que Alejandro Dumas llegó a decir que, de haberle conocido antes se habría inspirado en él para crear al famoso Conde de Montecristo, era un malagueño que fue filósofo y licenciado en leyes y que además murió dos veces. Un tipo que fue juez, senador, alcalde, ministro de Hacienda, 19 veces diputado y sobre todo, empresario con un olfato para los negocios que le dieron tal fama en el extranjero que en París le conocieron como el Príncipe de Salamanca.

José María de Salamanca y Mayol, Chema para los amigos, ha pasado a la historia como el Marqués de Salamanca y el patrón de los pijos, de los cayetanos.

Tras intentar mediar sin éxito en los casos de Mariana Pineda y el general Torrijos, terminó aterrizando en Monóvar (Alicante), donde fue nombrado alcalde con 22 años. Allí, en un episodio de cólera, le dieron por muerto, le metieron en un ataúd y lo velaron. Pasadas unas cuantas horas resucitó, y dicen que su sirviente se asustó más que un gitano sin primos. Su ataúd finalmente lo utilizó un amigo suyo que terminó cogiendo el cólera días más tarde. ¡Pa ti!

Cuñado de un ricachón que fue padre de la revolución industrial española, Manuel Agustín Heredia, recibió de él una cantidad que multiplicó con creces tras invertir en el negocio de la sal.

Más tarde se asoció con el presidente Narváez y con el marido secreto de la reina, Fernando Muñoz, e invirtió en el negocio del ferrocarril, promoviendo los ferrocarriles de Barcelona, Mataró y el trayecto Madrid-Aranjuez. En Nueva York promovió un tren y el agradecimiento fue tal, que la ciudad de Salamanca (Nueva York) le debe su nombre a él.

En una época actual en la que uno llega a una empresa y despide a media plantilla, este tipo, al acabar la línea Madrid-Alicante, invitó a comer a miles de personas en un descampado de Albacete, y además, con un chef francés elaboró el menú más caro de la historia. Costó 2.526 reales, y fue ternera rellena de carnero, rellena de cordero, rellena de pularda, rellena de perdiz, rellena de foie y trufas con oporto. Mientras tanto, los albaceteños no paraban de comer kilos y kilos de judías. ¡Menuda tarde de catarsis tuvo que ser aquella! El caso es que siempre que paso por Albacete hay niebla.

Nombrado ministro de Hacienda, perdió tanta pasta adelantando dinero que dimitió antes de arruinarse. Dijo que si permanecía un mes más en el cargo habría tenido que recurrir a su plaza en Monóvar para seguir adelante. Invirtiendo en bolsa ganó 30 millones de reales, 45.000 € de ahora, en un solo día. En los negocios tenía tal determinación que siempre parecía estar más seguro que el Predictor de la Sirenita.

Pero si por algo es conocido es por haber urbanizado el entonces ensanche de Madrid, el conocido como Barrio de Salamanca. Tras no dar beneficios en múltiples negocios, terminó arruinándose por completo. Después de haber amasado más de 300 millones de pesetas que hoy equivaldrían a miles de millones de €, murió por segunda vez teniendo una deuda de más de 6 millones de pesetas. Lejos de morir millonario en su barrio de Salamanca, se quedó a two candles y falleció en Carabanchel Bajo, en su finca de Vistalegre.

Monumento en la Plaza Marques de Salamanca, Madrid

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