Pues sí, único caso de la historia. Fue rey desde el momento en el que nació, un 17 de mayo de 1886. De hecho, se modificó la Constitución de 1876 para que ya fuera rey casi antes de nacer y así, evitar que reinara su hermana mayor, María de las Merecedes. Y es que el pánico era de órdago después de haber tenido tres guerras carlistas por el mismo estúpido motivo. De este modo, tuvimos a los presidentes conservadores Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mariano Mateo Sagasta (vaya nombrecito tenía el menda) rezando para que, por Dios, lo que viniera, viniera bien. Y vino bien, y se hizo rey de forma instantánea, como el Nesquik. Insisto, no sé si habrá más casos en la historia. Además, y por añadir más leña al fuego, fue católico antes de nacer gracias a lo que se conoce como bautizo “in útero” o cristianar de urgencia o bautismo de socorro, puesto que además era necesario que lo que viniera fuera católico.

El tema fue la comidilla de la época, puesto que el padre de la criatura, el ya fallecido Alfonso XII, tenía dos hijos varones, pero provenían de una relación extramatrimonial “made in Borbón”, es decir, hijos de su amante Elena Sanz, por lo que este hijo que venía, iba ser su hijo póstumo, el futuro rey de España, Alfonso XIII.
En el típico cachondeo de la época, esa chispa que siempre hemos tenido por estas arenas del mioceno, a todo este embrollo de modificar la constitución, de hacerle rey de forma instantánea y de bautizar hasta dos veces a la criatura (una dentro de la madre y otra posterior ya una vez nació el chaval), se conoció popularmente como el “golpe de estado de la barriga de la reina”, que no era otra que María Cristina, la segunda María Cristina regente que tenía España en menos de 70 años.
El siguiente episodio fue que llegara a su mayoría de edad, que en su caso fue a los 16 años, en 1902, jurando la constitución y jurando ser nuestro monarca pese a que apoyó una dictadura, la de Miguel Primo de Rivera en 1923. Por eso, se le conoce como el rey “Perjuro”, es decir, por la falsedad de su juramento.

Con la Revolución Rusa de fondo y añadiendo una sangría en el norte de África tanto en pasta como en sangre derramada y unas huelgas revueltas obreras en Barcelona en 1919, fue necesario crear unas juntas militares para mantener el orden en muchas zonas de la geografía española. En este contexto, Alfonso XIII sondeó al balear Antonio Maura, y éste le comentó que más que una dictadura real era necesaria una dictadura militar. Y voilà, el catalán Miguel Primo de Rivera la ejecutó con la característica nada desdeñable de que Alfonso XIII le respaldó y le mandó formar gobierno. ¡Con un par!
El descontento social fue in crescendo con estudiantes e intelectuales a la cabeza. Así, en 1923 el rey depuso al dictador sin mayor problema y encargó gobierno a Dámaso Berenguer, retomando el régimen de la anterior constitución. A esta fase que daba comienzo se la conoció como “la dictablanda”. Con este panorama, se produjo un golpe de estado en 1930 y unas elecciones municipales en 1931 que hicieron huir al rey camino de Cartagena para abandonar el país. Su hogar, el Palacio Real, mandado construir por Felipe V, tuvo como primer inquilino a Carlos III, que entró por la puerta principal a lo grande, y el último monarca en vivir allí, Alfonso XIII, lo abandonó por la ventana.
Exiliado en Italia, Mussolini le dio la espalda para un eventual golpe de estado en 1934. Paseándose por media Europa antes de la Segunda Guerra Mundial, ya nunca más regresó a España puesto que tras la Segunda República sucedió la dictadura de Franco. Falleció joven en Roma en 1941 tras una angina de pecho, dándole el relevo al frente de la Casa Real su hijo Juan.

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Hola José María. Sí, es que los escribo la mayoría de las veces los sábados a primera hora y los publico en linkedln y acto seguido en el blog. Es que no me da la vida. Gracias por leerme, de veras!!! Un abrazo!!