Tras el asesinato en Sarajevo del heredero del imperio austrohúngaro, se produjo tal reacción en cadena que, en 1914 se inició la 1ª Guerra Mundial con Alemania y el Imperio Austrohúngaro en un bando y Francia, Reino Unido y el Imperio Ruso por el otro. Hubo 20 millones de muertos. Por su parte, España estaba patas arriba tras el desastre del 98. Con este panorama, Eduardo Dato, el presidente entonces, dijo que España sería neutral y punto, pero la gente se dividió en las dos Españas tradicionales y de este modo teníamos aliadófilos (progresistas) y germanófilos (conservadores). Al frente del país estaba un Alfonso XIII que era hijo de una alemana (María Cristina de Habsburgo-Lorena) y marido de una inglesa (María Eugenia de Battenberg), si bien le tiraba más el bando alemán. ¡Cómo debían molar las cenas de Navidad en esa casa en aquella época!

En una guerra, el mejor lugar para abastecerte de todo es en un territorio neutral, y España lo era. Así, España fue tierra de espías y Madrid un verdadero nido. Se dice que Alemania comenzó a perder la guerra en Madrid como consecuencia de esa guerra sucia y secreta.

Hotel Ritz de Madrid. Al igual que el cercano Hotel Palace, residencia de espías en lo que entonces se llamó la Gran Guerra.

Un buen día, los aliados descifraron el código secreto de los alemanes y descubrieron con estupor que los germanos conocían cosas que se suponía sólo sabía el rey de España. Tras contarle un par de trolas a Alfonso XIII, se percataron que a los pocos minutos esa información estaba en poder de los alemanes, por lo que le pillaron con el carrito de los helados. Seguramente, uno de los espías más cutres de la historia.

En el hotel Ritz y en el Hotel Palace convivieron dos de las mejores espías del momento, Marthe Richard y Margaretha Geertruida Zelle, es decir, Mata Hari.

Mata Hari

Marthe Richard, la menos famosa, fue una francesa de origen humilde que había sido prostituta y que se casó con un empresario que hasta le compró un avión (fue una de las primeras aviadoras de la historia). Su marido murió en el frente y se ofreció a los servicios secretos galos. Le pidieron espiar al agregado naval en la embajada de Alemania en Madrid, Hans Von Krohn, el jefe de un tal Wilhelm Canaris, y los fastidió a base de bien.

Marthe Richard

Por su parte, Mata Hari fue una bailarina de danzas exóticas con éxito mundial. Conquistó a los hombres más influyentes de Europa, pero se enamoró de un oficial ruso que le pidió espiar para Francia. Después de una actuación en el Gran Kursaal de Madrid, un espía alemán influyente, el ya mencionado Canaris, se fijó en ella y terminaron siendo amantes, de modo que la chama se hizo agente doble. Un día, Canaris envió un telegrama a la oficina de Amsterdam para decir que la agente H21 iba a retirar dinero en Paris. Gracias a que los aliados sabían la clave, interceptaron el mensaje y descubrieron que H21 no era otra que Mata Hari. La detuvieron y condenaron a muerte, y ante el pelotón de fusilamiento pidió que no le vendaran los ojos. Lanzó un beso de perdón al pelotón y de los doce soldados, solo acertaron cuatro. Mata Hari en estado puro.

fusilamiento de Mata Hari en Vincennes (Francia), 15 de octubre de 1917.

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