Uno de los capítulos más importantes de la historia de España tuvo lugar entre los años 1518 y 1521, y el escenario se conserva en parte, un escenario que es el segundo más fotografiado de España, y la parte que falta en ese escenario es desde las que los turistas hacen sus fotografías sin ni siquiera sospechar lo que existió allí hace ya cinco siglos.
Me refiero a la Guerra de las Comunidades. Una guerra que estalla en un momento en el que Carlos I de España y V de Alemania, un emperador que nació en un retrete de Gante, designaba en Castilla para todos los cargos importantes a flamencos que no sabían ni el idioma local. Un gobernador, que no rey, que exportaba materias primas para traer más tarde a Castilla productos elaborados, dejando la balanza comercial por los suelos y tocando la moral a los castellanos. Sí, Castilla se adelantó 271 años a la famosa Revolución Francesa.
De fondo, además, el encierro en Tordesillas de su madre, a la que los comuneros llegaron a liberar por considerarla su verdadera reina, pero Juana I no quiso ir en última instancia en contra de su hijo, de modo que el tema se terminó solucionando como se resolvían las cosas en aquella época, a tortas.

Al frente de los comuneros estaban Juan Bravo, Padilla y Maldonado, que antes de ser unas calles fueron unos señores. Y enfrente de ellos estaban los imperiales, cuyo jefe, el emperador, era conocido como el César, y es que fue coronado como tal por el papa Clemente VII el mismo día de su cumpleaños del año 1530, en la ciudad de Bolonia. ¿Cuál fue el escenario de este enfrentamiento? Pues el Alcázar de Segovia, el monumento más fotografiado de España por detrás de la Alhambra. En el alcázar estaban ubicados los imperiales, ¡y que bien les vino una torre que construyó Juan II a mediados del s. XV! ¡Un visionario! ¿Por qué vino tan bien esta torre que se levanta imponente a la entrada del alcázar? Pues porque desde donde los turistas sacan sus fotos a día de hoy, se erigía la imponente catedral de Santa María, con dos torres que se levantaban a escasos metros del alcázar y en donde los comuneros se hicieron fuertes.

El levantamiento comunero se expandió por toda Castilla, es decir Toledo, Ávila, Madrid, Soria, Valladolid, pero lo sucedido en Segovia fueron palabras mayores. Adriano de Utrecht, el enviado flamenco del joven emperador, acudió a Medina del Campo junto a Antonio Fonseca para abastecerse de artillería y de paso incendiar la ciudad. Hoy, enfrente de la plaza de San Martín de Segovia esta otra plaza presidida por un monumento a Juan Bravo y llamada en recuerdo de aquel episodio Plaza de Medina del Campo. De hecho, ambas plazas parecen formar una sola plaza más grande.

La guerra fue cruenta y la catedral quedó destruida cuando el 23 de abril de 1521 fueron ejecutados los líderes comuneros en Villalar. Mención especial merece la mujer del general Padilla, María Pacheco, la conocida como “leona de Castilla”, que no tiene calle la pobre, al menos en Madrid, y que siguió haciendo frente a Carlos I en Toledo casi un año más, hasta 1522. Curioso fue también el detalle por el que Juan Bravo pidió subir al cadalso antes que sus leales amigos, Juan de Padilla y Francisco Maldonado.

Una vez terminada la guerra, Carlos I decidió dos cosas. La primera fue dañar y borrar todos aquellos escudos de casas hidalgas, nobles y solariegas que lucían en las fachadas de aquellas familias que decidieron apoyar a la causa comunera. No sé si esto habrá sucedido muchas veces en la historia, que creo que no. Una de esas ocasiones fue cuando Tutankamón sucedió como faraón a su padre Akenatón y a Semenejkara, (los faraones de Amarna), momento en el que Egipto trató de eliminar toda la simbología del dios Atón y de los anteriores faraones. La segunda decisión fue construir, para compensar, una nueva catedral en otro emplazamiento dentro de la ciudad de Segovia, en la Plaza Mayor, y que llegó a ser el edificio más alto de toda España, con una torre cuya cúpula estaba hecha con la primera caoba que vino de América (desapareció tras un incendio en 1614). La altura fue tal que recibió el nombre de “Madre de todas las Catedrales”. Curioso es que, a la catedral actual, la de Nuestra Señora de la Asunción y San Frutos, se llevaron partes que se conservaban de la vieja catedral de Santa María, como el claustro gótico de Juan Guas, el coro de madera en honor a Enrique IV y Juana de Portugal y algunas de las rejas, una de ellas también realizada en caoba. La nueva catedral se inauguró con una misa en la que se pidió perdón por aquella guerra, desde la hoy llamada Puerta del Perdón, la que mira al espacio vacío que dejó la catedral de Santa María, la que mira al Alcázar, ese castillo en el que dicen, se inspiró Walt Disney (sí, se inspiró en el Alcázar de Segovia y en otro castillo alemán, el de Neuschwanstein).

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