Estuvo 63 años en el trono de Aragón. Nunca un monarca de la península ha aguantado tanto como rey. Ya con 10 años le hicieron reinar y trató de sitiar Albarracín, pero no pudo con la ciudad. Guillermo de Moncada le quitó el Rosellón y, además, le encerró en la torre de Zaragoza. Aunque le soltaron, los nobles controlaban Aragón a su antojo. Gracias al arzobispo de Tarragona y a la Concordia de Alcalá, Jaime volvió a reforzar su posición como rey. Ya no era un niño y así comenzó a conquistar y a forjar su leyenda. Lo que no sabemos es si conquistó más tierras que mujeres, pues de él se dice que era atractivo y alto y que estaba siempre más caliente que el empeine de Roberto Carlos.

Los piratas afincados en Mallorca no paraban de incordiar a los barcos que salían o se dirigían a Barcelona, Tarragona y Tortosa, por lo que Jaime se fue a la isla con 155 barcos y 17.000 hombres. Venció en Santa Ponsa y los pocos musulmanes que quedaron se resguardaron en Madina Mayurga (Palma de Mallorca), pero allí, mató y esclavizó al 100% de la población. Con tanta muerte, se montó una epidemia que diezmó a los aragoneses. Además, y por si fuera poco, los nobles catalanes se amotinaron para conseguir el botín. La «pela», ya se sabe…

Con Mallorca anexionada a Aragón, Jaime se casó con la hija del rey castellano Alfonso VIII, una tal Leonor. Luego se casó en segundas nupcias con Violante de Hungría, y la hija de ambos, otra Violante, se casó con Alfonso X el Sabio. Aragón y Castilla estaban así, unidas por los lazos matrimoniales de sus casas reales. Incluso, emparentó a sus hijos con las coronas de Francia y Sicilia. Tras anexionar Menorca, Ibiza y Formentera, el menda continuó por tierras valencianas.

Reina Violante de Castilla. Hija de Jaime I el Conquistador

La primera ciudad en caer fue Morella (Castellón), para seguir con Burriana, Peñíscola y Cervera. El tipo era más fiable que un puñetazo de Bud Spencer. En 1237 fue la batalla de Puig de Santa María contra el tercer reino de taifa de Valencia de un tal Zayyán Ibn Mardanish. Este tipo se acabó rindiendo un año más tarde ante el asedio feroz de los aragoneses. Había caído Valencia. Gracias a unos fueros, se creó el Reino de Valencia y quizás por ello, luego se crearon los fueros de Aragón, que fueron dictados por el obispo de Huesca. A excepción de los mudéjares de las morerías, echó a todos los musulmanes de Aragón, y ojo, que estamos hablando del s. XIII y aun faltaban siglos ara la llegada de los Reyes Católicos.

Zayyán Ibn Mardanish

Conquistó también Denia y Xátiva y ya en Murcia se dio de bruces con los castellanos. El infante Alfonso y él se reunieron en Alicante para delimitar sus conquistas, quedando Murcia y parte de Alicante en Castilla.

Con una línea de costa kilométrica, con él se publicó el “Consulado del mar”, el primer libro sobre costumbres marítimas de nuestra historia. Este consulado tenía hasta sus tribunales mercantiles para resolver conflictos.

Libro del «Consulado del mar»

En 1269 se fue a las cruzadas junto al rey francés, Luis IX, pero tras una tormenta, se dio media vuelta en menos de 48 horas. Ganas, lo que dice ganas, no tuvo muchas. Además, con la Iglesia no anduvo bien, puesto que le puso los cuernos a Violante, y su confesor, un obispo de nombre Berenguer, se lo largó todo al papa, Inocencio IV, y Jaime le cortó la lengua al obispo de Gerona. Inocencio, por su parte, le excomulgó. Su hijo bastardo, Fernán Sánchez de Castro, se sublevó, pero su medio hermano, el infante don Pedro, lo arrojó al rio Cinca atado a una piedra. ¡A tomar por…! Su biografía la dejó escrita en catalán y repartió el reino entre sus hijos, dando a Pedro III la parte peninsular y a Jaime II la insular.

Monumento a Jaime I en Valencia. Dentro del caballo hay 1.000 pesetas, los ahorros de un soldado que olvidó en el instante de fundir la obra una gorra en la que llevaba todos los ahorros de su vida. En aquel 1891 era un auténtico tesoro.

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