Juan Ponce de León fue un vallisoletano nacido en 1460 en Santervás de Campos y que ha pasado a la historia por ser el descubridor de la Florida, de la Corriente del Golfo y por colonizar Puerto Rico, ¡casi ná! Unos dicen que llegó a América en el segundo viaje de Colón en 1493 y otros aseguran que no fue hasta 1502 que llegara con Nicolás de Ovando, el entonces gobernador de la Española, es decir, el cuartel general de la corona de Castilla en tierras americanas del Caribe.

En esta isla y ya como capitán de Santo Domingo de Guzmán (así se llama verdaderamente la actual capital de República Dominicana) ayudó a sofocar el segundo levantamiento de los indígenas en Higüei. En la capital encontró el amor de una nativa a la que bautizaría con el nombre de Leonor y con la que tendrá hasta cuatro hijos (tres niñas y un niño).
Los nativos siempre le dijeron que al sur de la Española había muchas riquezas, es decir, al otro lado del canal de la Mona y para allá que se fue Ponce. Esas tierras, efectivamente, le esperaban con mucho oro, tanto que, a día de hoy se conocen como Puerto Rico. Tampoco es que se mataran poniendo nombres originales. Pues eso, que la ciudad principal y en honor a san Juan Bautista se terminaría llamando San Juan de Puerto Rico. No en vano, él también se llamaba Juan.
Con el permiso de Ovando explotó la isla a partir de 1508, teniendo una excelente relación con el cacique taíno Agüeybaná que, básicamente, le recibió con una alfombra roja. Otra cosa sería con el sucesor de este menda, Agüeybaná II el Bravo, que le complicó la existencia en 1510, cuando ya era gobernador de la isla gracias al excelente feedback que dio de aquellos terrenos al rey Fernando el Católico. Se detuvo la producción de oro y españoles e indios Boriquén se liaron a tortas.

En 1511 y tras un largo proceso, el hijo de Colón, Diego, consiguió para sí los derechos que su padre había conseguido en la Capitulaciones de Santa Fe. Se le designó virrey, pero no pudo deponer a Ponce de León, un tipo muy respetado por el propio rey.
Con todo y con eso, el rey le designó para poblar otras islas de gran riqueza que había al norte de la isla Juana (la Cuba actual y llamada así entonces en honor a Juana la Loca). Esas eran las islas Bímini, la parte más occidental de las islas Bahamas que se encontraban a tan solo 80 km de tierras continentales. Navegando, navegando, el 27 de marzo de 1513 Juan Ponce de León fue el primer europeo desde los vikingos en ver tierra norteamericana. Aquel día era el domingo de resurrección, es decir, el día de la Pascual Florida, y con aquel motivo denominó a esa gran isla como la Florida, sólo que aquello no era una isla sino una gran península. Había llegado a lo que hoy es EEUU. Tomó tierra en un punto entre Cabo Cañaveral y Jacksonville.

De vuelta un 21 de abril, una maldita corriente les hacía retroceder incluso en ausencia de viento. Acababa de descubrir la Corriente del Golfo (de México), esa misma corriente que intuyó el mismísimo Cristóbal Colón y que facilitaba y mucho el tornaviaje a España. Así pues, sus hallazgos le hicieron ganar puntos para con la corona y las envidias no se hicieron esperar. Le acusaron de casi todo en materia financiera antes de que el rey Fernando le nombrara adelantado, gobernador y juez de la Florida. El tipo tenía más funciones que la Thermomix.
En 1521 se decidió por avanzar un peldaño y colonizar la Florida. Tras montar un campamento permanente durante más de cinco meses, los indios Calusa le alcanzaron con una flecha envenenada. Las fuentes de la época dicen que solían emplear veneno de cobra. Regresó muy herido a la Habana, ciudad en la que falleció, si bien su tumba se localiza en la catedral de San Juan (Puerto Rico).

Para los más gañanes, Ponce de León es el «tolai» que estuvo buscando sin descanso la fuente de la eterna juventud en Bímini, pero no existe documento alguno, ni en España, ni en América, que atestigüe dicha búsqueda. Aún así, el romanticismo de dicha búsqueda alcanzó su cénit dentro del guion de «Piratas del Caribe» con un Jack Sparrow pretendiendo encontrar dicha fuente.
Por cierto, Fernando VII vendió la Florida en 1821 a EEUU porque tras la invasión napoleónica, España estaba canina y necesitaba cash, y lo yanquis nos hicieron un “simpa”. Aún estamos esperando los 5 millones de $ con los que se cerró el trato.

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Como cada día, gracias, por lo ameno que nos haces leer la historia.
He estado por Puerto Rico y Florida con clientes, y he montado visitas turísticas guiadas.
Qué pena no haberte conocido y que nos las hubieses contado tú.
Me encanta leerte.