Walt Disney nos enseñó la historia de 1607 entre Pocahontas y John Smith que, antes de ser una marca deportiva, fue un señor, pero lo que nos ha ocultado el mundo del cine es que ochenta años antes hubo un romance similar entre un barbudo y maloliente andaluz, Juan Ortiz, y una bella y joven nativa llamada Uleleh, hija del cacique Hirrihigua. Se podría decir que esta historia que Disney nos contó a través de Pocahontas tiene todos los números para ser un plagio inglés de la auténtica y verdadera historia.

Sí, una vez más, los españoles llegaron antes, incluso, hasta para esto del amor. Es más, los españoles practicaron el mestizaje desde el primer momento. Que sí, que lo sé, que todavía no podemos hablar del término «españoles»…¡que pereza!
En 1528 Ortiz estaba en un barco llamado Bahía de Tampa y que formaba parte de la expedición de Pánfilo de Narváez. Atraídos a la costa de la Florida por, se supone, unos indios no muy hostiles, cuatro hombres se acercaron a la orilla para ver como tres de ellos eran aniquilados y otro más, Juan Ortiz, era capturado y llevado a la ciudad de Uzita mientras sus compis del barco lo dejaban a su suerte.
El jefe, Hirrihigua, ordenó que lo ataran a un estante sobre un fuego, pero la tal Uleleh, que algo debió ver en el chamo, rogó que por favor le soltaran. No fue la única vez, ya que este cacique malhumorado le llegó a condenar un total de tres veces, pero Uleleh siempre intercedió por él alegando que el chaval no suponía peligro alguno.
Otro cacique aborigen, Mucozo (castellanizado como Mocoso), quemó Uzita y el pueblo de Uleleh decidió que Ortiz les traía mal fario y que había que cocinarlo a fuego lento. Total que, Uleleh le advirtió y lo condujo al pueblo Mocoso (el poblado se llamaba igual que su cacique) y que estaba ubicado en la bahía de Tampa.

En 1539 pasó por allí Hernando de Soto y atacando a los nativos se enteró de que un cristiano andaba por aquellas tierras de Florida gritando algo así como que era sevillano. Lo liberaron y a partir de ahí ejerció de intérprete. Once añitos estuvo cautivo junto a la joven Uleleh. Pues bien, hay quien dice que esta historia de amor entre estos dos jóvenes es una leyenda, pero no, todas las fuentes hablan de que era una chica de carne y hueso y que siempre salvó de la muerte al sevillano. Ahí había tomate, seguro.
Y lo mejor de todo es que en el s. XVII tenemos una historia calcada con John Smith, Pocahontas y su padre, Powhatan. La traducción de esta historia, la de Richard Hakluyt, es copia de la narración de la expedición de Hernando de Soto realizada por Fidalgo de Elvas y que se publicó en Londres en 1609, es decir, unos años antes del relato del plagiador John Smith. A mediados del s. XIX los norteamericanos, ya independientes de los ingleses, necesitaron de historias que hablaran de un pasado glorioso y reinventaron la historia de Ortiz y Uleleh para que, finalmente, Disney la encumbrara con un apoyo de taquilla a nivel mundial, incluido el hispano. Nada nuevo bajo el sol. Pues eso, que la historia auténtica fue la de este sevillano que murió en Arkansas en 1542 y que, por cierto, también narró un tal Inca Garcilaso de la Vega.

restaurante Uleleh de Tampa (EEUU)
Descubre más desde Relatos de la Historia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Menos mal que estás tú, para enseñarnos lo que nadie nos ha querido o sabido enseñar.
Muchas GRACIAS