La Semana Santa o Semana Mayor conmemora las diferentes etapas de la Pasión de Cristo desde su entrada en Jerusalén hasta su viacrucis, muerte y resurrección. De esta semana, lo más importante, el zumo del zumo, es el Triduo Pascual que comprende desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Pascua o Resurrección. Ya en el s. IV se evocaba en el Viernes Santo la crucifixión del señor para más tarde conmemorar el viacrucis.

En el s. XIII, con la llegada de franciscanos y dominicos, es cuando las procesiones hacen su aparición incluyendo flagelaciones dantescas, siendo muy famosas en el s. XV. Con la contrarreforma de Lutero y Calvino acaecida en el s. XVI, las procesiones entran en declive. Es entonces cuando unas comunidades locales que, lejos de saber leer y escribir y mucho menos dominar el latín de las misas, comenzaron a sacar los llamados pasos, tronos o andas a la calle, para hacer llegar al pueblo su origen laico incorporando un claro componente religioso y comprensible para todo el mundo.

Estas hermandades adquirieron un significado sacramental o penitencial y se copian de, nada más y nada menos que, los autos de fe de la Santa Inquisición. En aquel entonces, estos autos de fe eran juicios sumarísimos en los que se juzgaba si alguien era hereje o no. Se les ponía un capirote en el que pintaban el pecado a juzgar. Además, se les ponía el saco bendito. Este saco era un saco que se abría por un lateral y caía en el cuerpo de la persona a juzgar a modo de chaleco o túnica. Al candidato a hereje se le sometía a escarnio público y era un claro objetivo visto por todos gracias a su capirote y saco bendito. Por cierto, si era declarado culpable, se le quemaba en la hoguera, pero no al saco bendito que, era llevado a la iglesia del pueblo de procedencia del hereje para mayor vergüenza de la familia. No sé si la gente decía muy deprisa las palabras “saco bendito”, pero el término ha evolucionado hasta nuestros días como “sambenito”. De ahí viene la expresión colgar el sambenito. Gracias a este significado penitencial, las cofradías del s. XVIII deciden incorporar en su atrezo tanto el capirote como la túnica como evolución del sambenito de los herejes. Es más, el capirote es entendido como acercamiento del penitente al cielo, aparte de disimular la estatura de los penitentes dentro de un anonimato que les oculta la cara.

Auto de Fe del Tribunal del Santo Oficio y de la Inquisición

Curiosos eran los autos de fe 2.0 de los “emplumados”, es decir, los de homosexuales, sodomitas, etc. A estos se les desnudaba y se les aplicaba una pátina de aceite. A continuación y tras desplumar a una serie de pájaros, las plumas de diferentes colores se colocaban sobre esa pátina de aceite. ¿Has escuchado la frase de “este tipo parece que tiene pluma”? ¿Y esa de otra de “al sospechoso le han cogido y lo han emplumado”? Así es, frases que empleas y que derivan de la Inquisición de Torquemada. No es de extrañar que la gente adopte frases sin saber la procedencia y curioso es que, ahora, en el s. XXI, continuemos viendo a nazarenos vestidos como los herejes de los s. XV y XVI.

Hermandad de los Negritos de Sevilla

Más curioso es, si cabe, explicarle a un anglosajón que esos nazarenos vestidos de blanco no son el Ku Klux Klan. Eso sí, ese grupo de salvajes esta estéticamente inspirado en la Hermandad de los Negritos de Sevilla, ya que el ministro metodista de Atlanta y vendedor de retales, William J. Simmons, descubrió a esta hermandad en su búsqueda de algo solemne y medieval que sirviera para intimidar. Esta hermandad sevillana fue fundada en 1393 por, precisamente, esclavos, muy abundantes en esta ciudad andaluza a finales del s. XIV.


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