“Bolo” de nacimiento en 1221, este rey apodado como el “sabio” tuvo por suegros a Jaime I el Conquistador y a Violante de Hungría. Su madre fue Beatriz de Suabia, y solo por ello, le hizo ser candidato al trono del Sacro Imperio Germánico, pero finalmente el elegido fue Ricardo de Cornualles y nuestro toledano se quedó con tres palmos de narices.

Su reinado será recordado por la creación del Concejo de la Mesta, una gran asociación de pastores procedentes de León y Castilla que se aprovecharían de la creación de las famosas cañadas reales que recorrerían el todo el territorio de la península. El objetivo final era aumentar las exportaciones hacia el norte de Europa y norte de la actual Italia. El producto a exportar era la lana de una excelente calidad, pero lo realmente demandado en aquellos destinos europeos era la carne y la leche de las ovejas churras, de ahí que nos haya llegado la frase de “no mezclar churras con merinas”. La frase estaría incompleta si obviáramos lo otro realmente valioso, la lana de las merinas, que se exportaba a Flandes para la elaboración de los paños. Tanto era así que sacar una merina de España estaba penado con la muerte. Para ello, este rey y visionario de la época fue un gran precursor de la reducción de los aranceles.

Fue un gran defensor de la conocida mundialmente como Escuela de Traductores de Toledo, y que cogerían el testigo del denostado Al- Hakam II en Córdoba. Él mismo participó en la traducción y redacción de innumerables manuscritos árabes y hebreos. Se volcó de lleno en la cultura y, sobre todo, en la historia, centrándose tanto en la historia de España desde los orígenes bíblicos hasta su padre Fernando III, así como en la historia general con foco en otros países y culturas. Llegó a escribir, en parte, las Cánticas de Santa María en idioma galaico portugués. ¡Era un crack! ¡Tenía más luces que la ciudad de Vigo! Aficionado a la astronomía, en su reinado se escribieron las Tablas Alfonsíes con base en el firmamento de la ciudad de Toledo. De hecho, un cráter lunar se llama “Alphonsus” en su honor.

Con problemas digestivos, no podía comer demasiado y debía hacer ingestas de poca cantidad porque el tipo se doblaba más que un japonés pidiendo disculpas. Aunque el término “tapas” es muy posterior, hay quien afirma que gracias a él surgieron los aperitivos.

Aunque emparentó a su hijo con la casa real francesa, políticamente fue un auténtico desastre. Fue tan polémico su reinado que hasta muchos nobles castellanos pasaron de él y se aliaron con Muhammad I, el primer rey nazarí de Granada. A los benimerines, incluso, se les regaló Tarifa y Algeciras y se hicieron fuertes hasta cercar Córdoba. Además, en otro frente, en la guerra por la sucesión navarra, este reino se incorporó a Francia, por lo que el debilitamiento de Castilla comenzaba a ser notable.

Muhammad I

Pese a ser un “picha brava” con 16 hijos de diferentes madres, su único heredero fue Fernando de la Cerda, que murió repentinamente en Ciudad Real. El tema sucesorio se trató en las famosas “Siete Partidas” que aún no estaban en vigor. Según ellas, el reinado debía recaer en los hijos del infante, es decir, en sus nietos, concretamente en el mayor, Alfonso de la Cerda. Se lio la mundial, ya que se formaron dos bandos. Por un lado estaba la familia de los Haro que apoyaba a Sancho, uno de los hijos del rey Alfonso X, mientras que los Lara y los franceses apoyaban a los nietos del rey, a los de la Cerda, es decir, a los hijos del auténtico heredero que acababa de fallecer, Fernando de la Cerda. Alfonso de la Cerda, además, era sobrino del rey de Francia, ¿para qué queremos más? Finalmente, el rey se decidió por Sancho IV. Y eso que Sancho se casó con la prima de Alfonso X, una tal María de Molina, un hecho que al rey no le había hecho ni una pizca de gracia. Para compensar a sus nietos, decidió que habría que crear un pequeño reino en Jaén, y claro, su mujer, Violante, se enfadó más que una mona y se cogió un carromato y se marchó a Aragón levantando tanto polvo que hasta la niña de la curva se apartó para que no le manchara el vestido. Dejó a su marido de rodríguez. Las Cortes de Valladolid, en paralelo y por echar más leña al fuego, decidieron dar el reino a Sancho IV, que se coronó rey en 1284 en Toledo pese a haberse alzado en contra de su padre (las únicas ciudades que estuvieron del lado del Sabio fueron Córdoba y Sevilla, teniendo esta última en su escudo la palabra NO8DO en referencia al latín “atar con nudos”, siendo el 8 la representación iconográfica del nudo). Ese fue el año en que murió Alfonso X el Sabio de un cáncer maxilofacial que le había desquiciado hasta el infinito y mucho más.

Violante de Aragón

Como anécdota, decir que, en el Alcázar de Segovia, su castillo favorito para visionar las estrellas desde la torre del homenaje, le llegó a decir a un monje franciscano que, este mundo habría sido mucho mejor si Dios le hubiera consultado antes. La leyenda dice que esa misma noche un rayo penetró por una de las almenas y se cargó a un par de centinelas. Su mujer le dijo, ¿ves? ¡Te ha sobrado un regate! Parece ser que, tras este desafortunado hecho, el rey decidió hacer una sala del alcázar con un cordón franciscano que recorre toda la estancia. Es la que se conoce como Sala del Cordón, una de las estancias más llamativas del castillo segoviano. Lo dicho, ¡un crack!

Sepulcro de Alfonso de la Cerca en el Monasterio de las Huelgas, Burgos.

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