Castilla y Aragón habían dejado ya muy atrás su lucha contra los musulmanes, el rey Fernando de Aragón, gracias al Gran Capitán, se había hecho con gran parte de la actual Italia y el matrimonio de Juana la Loca con Felipe el Hermoso había otorgado a su hijo, Carlos I, el Sacro Imperio Germánico, por lo que Francia, de repente, estaba rodeada. Así, el rey Francisco I decidió atravesar los Alpes para hacerse con el Milanesado e iniciar una ofensiva que equilibrara la balanza.

Corría noviembre del año 1524 cuando el rey francés se hizo con Milán. Ese fue el momento en el que 1.000 españoles, junto a 5.000 lansquenetes alemanes (mercenarios) y 300 jinetes y una artillería compuesta por 53 piezas se refugiaron en la ciudad de Pavía. A las órdenes del riojano Antonio de Leyva se hicieron fuertes en dicha ciudad. De ahí, se movieron menos que don Pimpón en una cama de velcro.

Antonio de Leyva

El asedio fue durísimo. Iban pasando los meses y los 32.000 galos no dieron tregua. Los 6.300 hispano-alemanes estaban a la espera de refuerzos, pero estos no llegaban. Lo que si llegó fue el hambre, las enfermedades y los impagos, puesto que, en condiciones así, era imposible que los soldados cobraran sus nóminas y recibieran las pagas en sus cuentas bancarias. Aquello fue más duro que pasar unas vacaciones con la suegra.

Total, que un buen día los refuerzos aparecieron, concretamente un día 24 de febrero de 1525. Ese era el día del emperador Carlos I, sin duda, puesto que, un día así de 1500 nació en un retrete de Gante y en un día así, pero de 1530, sería coronado en Bolonia ante el papa Clemente VII como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Todo lo importante de Carlos I siempre sucedía un 24 de febrero. Pues eso, que aquel día de 1525, por lontananza, aparecieron 24.000 hombres de los tercios provistos de 17 cañones. Seguían siendo minoría, pero estamos hablando de los “boinas negras” de la época. La batalla no se hizo esperar.

Los tercios formando en cuadro

Los franceses atacaron con todo, o al menos esa fue la baza que jugó el rey Francisco I. Siendo más, subestimó a los españoles. Los tercios, por su parte, decidieron que formarían en cuadro. Nunca antes los galos se habían enfrentado a una táctica militar similar. En estas formaciones en cuadro las picas asomaban como un auténtico erizo, y el acceder a las defensas españolas y alemanas no era nada fácil. Lo dicho, que al rey francés le pudieron las ganas y se lanzó con todo. Los arcabuceros españoles hicieron mucho daño, mientras que las picas seguían destrozando a la infantería. Levantaron tanto polvo que hasta Greta Thunberg se levantó de la siesta.

Al ver aquel espectáculo, los hambrientos y desesperados soldados del interior de Pavía salieron para atacar a los franceses que, de repente, se vieron en medio de dos frentes, el de los refuerzos y el de los sitiados. Volvieron a subestimar a los soldados que provenían desde Pavía, pero esta vez el golpe fue definitivo. Murieron 1.500 españoles por 13.000 franceses, pero lo mejor es que los galos quedaron atrapados y sin escapatoria. Tanto fue así que, el soldado Juan de Urbieta Berastegui y Lezo apresó a lo que tenía toda la pinta de ser un mando francés. Vestía muy bien el tipo, portando una armadura de Lacoste y un casco de Yves Saint Laurent. Lo que no se imaginaba el menda era que, ese mando no era alguien cualquiera, era el mismísimo rey de Francia.

Juan de Urbieta apresando a Francisco I

Francisco I, apresado, fue encarcelado en Madrid durante un año, concretamente en la Torre de los Lujanes, en el corazón de la capital, en la mismísimas Plaza de San Salvador, hoy conocida como Plaza de la Villa. Este detalle lo sabemos gracias a un tal Lope de Vega, que años más tarde vivió a la vuelta de la esquina, en plena calle Mayor.

Francisco I

Con esta victoria, Carlos I se hizo fuerte ante el papa, se hizo fuerte ante Europa y debilitó a una Francia que debió permanecer en barbecho antes de volver a rechistarle a los tercios de la incipiente Monarquía Hispánica.

Casa y Torre de los Lujanes. Plaza de la Villa, Madrid

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