

¿Se llevaba mal Góngora con Quevedo? Pues sí, muy amigos no eran. Góngora era culterano, y para decir una cosa la adornaba pero a base de bien, mientras que Quevedo era conceptista, es decir, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Se sacaban bastante edad, y para hacerse notar en la corte, en Valladolid, Quevedo vio oportuno burlarse de un Góngora más que consagrado para ir así cogiendo puntos. Góngora entró al trapo, y eso, amigo mío, no se debe hacer ni siquiera en el Facebook y menos aún en Twitter. Total, que la batalla comenzó y ya no tuvo fin. Góngora llamaba a Quevedo “Qué Bebo” por ser un borrachín, y Quevedo llamaba a Góngora “érase un hombre a una nariz pegado”, por no decir que también le llamaba “judío”, que por otra parte era lo peor que podían llamarte porque la Inquisición siempre podía estar amenazante.
Góngora se arruinó y terminó viviendo de alquiler en lo que hoy es la esquina de las Calles de Quevedo con Lope de Vega. El dueño de la vivienda le vendió el edificio a Quevedo, y éste lo adquirió con el bicho dentro. Pues bien, a la primera distracción, al primer impago, Quevedo echó a Góngora y don Luis se tuvo que ir a su Córdoba natal. ¡Lástima que no tuviera a un Stop Desahucios que le ayudara! ¡Menos mal que estas cosas ya no pasan!
Otra gran rivalidad fue la de Lope de Vega con Cervantes. Don Miguel había meses en los que no escribía una sola línea mientras que don Lope no paraba de estrenar obras de teatro que buscaban satisfacer al vulgo según palabras de Cervantes. El manuscrito de la primera parte del Quijote cayó en manos de Lope antes de publicarse, de modo que a este se le atribuye un “Quijote apócrifo” que sirvió de crítica a la obra de Cervantes (cuidado, también se le atribuye a un tal Alonso Fernández de Avellaneda, un Nick que escondía la verdadera personalidad de Jerónimo de Pasamonte). Y es por ello que para tapar a este Quijote apócrifo, Cervantes se puso manos a la obra con el objetivo de escribir la segunda parte, la oficial, y de este modo tenemos las aventuras del ingenioso hidalgo primero, y las del ingenioso caballero después.
Y no menos sonado fue el enfrentamiento entre Calderón de la Barca y Lope de Vega, ya que el primero, persiguiendo a un actor, Pedro Riquelme, con el que se quería dar de tortas por haber herido a su hermano con una afilada espada, se refugió en el convento de las Trinitarias en el que estaba Sor Marcela, una de las hijas de Lope de Vega, y el escándalo fue tal, que Lope de Vega estuvo buscando a Calderón para tener más que palabras. Por cierto, en este convento es donde se ha encontrado el cuerpo de Cervantes recientemente. ¡Ah!, y los restos de Lope de Vega y Calderón los hemos perdido, y es que para pasar a la historia en Madrid como un crack, Madrid debe perder tus restos, que lo sepas.
Si lo de Góngora y Quevedo se asemeja al mejor “Sálvame” de la Esteban con Jesulín, lo de Lope de Vega con Calderón fue más un Gran Hermano y lo de Lope de Vega y Cervantes fue una rivalidad tipo Cristiano-Messi. No obstante, es de presumir que en pocos km2 y en muchas ocasiones simultáneamente, hayan pasado por el Bario de las Letras de Madrid tipos como los ya mencionados, más otros como Bécquer, Benavente, Zorilla, Espronceda, Valle-Inclán, Echegaray, Moratín, Azorín, Larra, etc. Esto les pasa a ingleses o franceses y montan un parque temático, ¡fijo!



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