
«Pobre, fea y portuguesa, chúpate esa». Así se referían los panfletos de la época a la joven de 21 años que fue precursora de la fundación del Museo del Prado, María Isabel de Braganza. Esta joven, la segunda esposa del rey más imbécil de la historia, Fernando VII, aparece en un cuadro señalando ese museo, edificio solitario entonces, y que hoy es la envidia del mundo entero.
Cuando Napoleón invadió Portugal, la familia real portuguesa se exilió a Brasil, y esta chica se educó en un ambiente culto y discreto, lejos de la aristocracia europea. Cuando murió la primera esposa de Fernando VII, éste decidió casarse con su prima Isabel de Braganza y además lo hizo con doble boda real, tradición de la época, el mismo día que su primo Carlos María Isidro, es decir, el que una vez murió Fernando VII, le disputó el trono a su sobrina, niña ella, Isanel II, conociéndose como Primera Guerra Carlista.
Total, que si bien Fernando VII fue un pésimo rey, un tipo que aplaudía las tropelías de Napoleón en España y que quiso ser su hijo adoptivo, tuvo un gran ojo para elegir a esta reina que casi nadie conoce, la precursora de un museo que albergase las pinturas que se acumulaban en los palacios reales. Era fea,, con poca dote y además de Portugal, cosa que parece ser no gustaba mucho por entonces, pero gracias a ella tenemos esa pedazo de pinacoteca.
Fue muy cruel su muerte, ya que estando embarazada, quedó inconsciente y los médicos, dándola por muerta, le hicieron cesárea para salvar al bebé, único momento en el que se practicaban las cesáreas. Pues bien, la tipa se despertó, gritó y se dice que en aquel 1819 la sangre corría por palacio como en la mejor película gore, vamos, que ni en “La matanza de Texas”. La pobre no lo contó. El rey, tras su muerte, pidió pintar el famoso cuadro en su honor.
El museo fue tan respetado y querido, que en 1891, el periodista Mariano de Cavia publicó en El Liberal una fake news que hablaba de un museo totalmente incendiado para denunciar al personal que cuidaba del museo viviendo allí mismo entre hogueras, perros y gatos. La fake news tuvo eco mundial y desde la «Jetatura» del estado, asi la llamaba él, se tomó la decisión de trasladar al personal a un pabellón contiguo.
Hoy el museo alberga 35.000 obras de arte y recibe más de 1 millón de visitantes al año. ¡¡¡Chúpate esa!!!

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