Esta finca fue adquirida por Francisco José de Goya y Lucientes, Goya para los amigos, en la última etapa de su vida, allá por 1819. La finca es famosa porque en sus muros dibujó numerosas obras que fueron arrancadas de la vieja casona para adornar las paredes del Prado.
Esta morada, perteneciente entonces al pueblo de Carabanchel y cerca del rio Manzanares, le sirvió de escondite en gran medida por haber sido un afrancesado, y es que para él, la filosofía de la revolución francesa era preferible en su condición de liberal a la de la monarquía borbónica absolutista, independientemente de si los franceses hacían o no tropelías en España. La verdad es que debió ser difícil posicionarse con tipos como Napoleón o Fernando VII, ¡¡menudo marrón!!

El banquero belga, descendiente de un barón alemán, y de nacionalidad británica, Friedrich de Erlanger, adquirió la finca y a partir de 1874 comenzó a rescatar las pinturas con un peligroso método de aserramiento con el fin de venderlas en la Exposición Universal de París. Para ello se extrajeron de su soporte mural, pero al no encontrar comprador, decidió donarlas a España y así terminaron en el Prado.

La verdad es que entrar en aquella casa debió ser más que tétrico, con “El duelo a garrotazos”, “Saturno devorando a un hijo”, “El Aquelarre” que alimentaba la Leyenda Negra y que nada tenía que ver con la realidad pasada, en fin, entrar y ver aquello debía ser como para abrirse las venas y salir corriendo campo a través sin mirar atrás.
La obra que más me llama la atención es la del “Perro semihundido”, de estilo romántico, pero que algunos consideran la primera obra impresionista de la historia y otros lo consideran también el inicio del arte abstracto y el surrealismo. Me parece curiosa porque la obra perdió mucho en su proceso de abandonar las paredes de la Finca del Sordo, y es que quien la fotografió en 1874 pudo comprobar que el perro miraba a 2 pájaros que hoy no aparecen en la obra.
La finca fue demolida en 1909 y ha sido reconstruida digitalmente en el 2015 por Miguel Hervás. Por cierto, aunque Goya se quedó medio sordo, el nombre de la finca viene de un antiguo propietario que ya estaba teniente. Su ubicación era la esquina de las actuales C/ Baena con C/ de Mencía, en el actual Barrio de Puerta del Ángel, estando hoy en ese lugar una estación eléctrica.
Aún así, y aunque atrayente es el tema de las pinturas negras por su singularidad, el artista aragonés nos dejó además “La triple generación”, “Aníbal vencedor”, “La gallina ciega”, “El quitasol”, “La pradera de San Isidro”, “La familia de Carlos IV”, “La maja desnuda”, “La maja vestida” y sobre todo, “El tres de mayo de 1808 en Madrid”, obra que junto a alguna más, pintó en 1814 para limpiar su condición de afrancesado cuando los galos ya andaban más allá de los Pirineos.


Descubre más desde Relatos de la Historia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.