En 1937 fue elegido alcalde de Corral de Almaguer el socialista y sindicalista de UGT, Ángel Vicente Constante. No fue idea suya, pero estuvo al servicio de la iniciativa republicana de incautar las obras de arte de la zona republicana, en este caso, las de Corral. No podemos olvidar que durante toda la guerra, Corral estuvo en la zona republicana, en zona de retaguardia. Visto con ojos actuales, Corral nunca corrió peligro, si bien, en aquel momento eso no se sabía. El objetivo, se supone, era proteger el patrimonio histórico artístico y cultural de la localidad. Ese siempre será el gran debate: ¿se incautaron estas obras de arte para protegerlas o para financiar una guerra que ya comenzaba a perder la República como así hiciera con el famoso oro de Moscú?

Según el IPCE (Instituto de Patrimonio Cultural de España), en la incautación estuvieron presentes dos miembros: por un lado el sindicalista de UGT y pintor de poca monta, Gustavo de Lafuente y por otra un experto que dirigió esta incautación, un profesor de arte en un instituto de Toledo… un húngaro antinazi que, además, era judío. ¡Como ha evolucionado el tema de los judíos en la izquierda! Se llamaba Thomas Malonyay. En diferentes páginas lo tratan con mucho respeto a experto del Greco, pero el caso es que este tipo fue pillado en su casa, al terminar la contienda, con decenas de obras de arte, entre ellas una copia de un Goya y no, no me refiero al premio cinematográfico. También fue responsable de la pérdida de Sor Jerónima de la Fuente.

El 10 de septiembre de 1938 estos dos tipos, Lafuente y Malonyay, se llevaron a Madrid un total de 101 piezas de diferentes enclaves corraleños, principalmente de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Tres semanas más tarde, el 30 de septiembre, Thomas Malonyay y Alejandro Ferrant se llevaron 12 obras de arte más, y en paralelo, ese mismo día, Fernando Gallego y Ramón Martínez Pita se llevaron la mitad de los libros del archivo parroquial, es decir, 40 volúmenes anteriores a 1850 además de un ejemplar de la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra de Gregoria Mayens y Siscar de enorme valor.

Al terminar la guerra no se sabe mucho de Lafuente, el principal incautador junto a Thomas Malonyay. Del tal Malonyay sí, y es que fue encarcelado y liberado y apresado varias veces a lo largo de la década de los años 40′. Fue liberado de un arresto menor qude diez años al final de dicha década. Murió en Madrid en 1962 y un año antes, pidió perdón al ministro de Cultura de aquel entonces a la par que le pedía le fueran devueltas varias de las obras que le incautaron en el momento de su detención ya que aludió que eran de su propiedad. Y en cuanto al alcalde del PSOE tuvo peor suerte. A finales de 1938, cuando todo pintaba ya mal para el bando republicano, se fue a luchar al frente y terminó en una ratonera el 28 de marzo de 1939, concretamente en Alicante. Allí apareció el barco llamado Stanbrook. Lo que vio este barco fue una imagen dantesca, miles de republicanos acechados por la división italiana Littorio. En lugar de cargar azafrán y naranjas, el barco cargó con miles de republicanos. Al capitán galés Archibald Dickson se le partió el alma y cargó con 3.000 personas, el límite del peso que podía llevar con niños y familias enteras hacinadas. Además, el buque Canarias les siguió la pista para bombardearles en alta mar. Dickson partió a las 11 de la noche y sin luces en dirección a las Baleares, para luego virar a estribor y dirigirse a Orán, que por aquel entonces era una colonia francesa. Lo curioso es que ya sin peligro, a las 12 de la noche -sólo una hora más tarde-, otro buque de mayor calado, el Marítima, cargó con una veintena de mandos republicanos hacia el exilio y lejos del acecho del buque de guerra Canarias. Estas cosas ya no nos las cuentan los de la memoria histérica. Ángel Vicente fue uno de aquellos 3.000 pasajeros y terminó con sus huesos en Argelia, en el típico campo de concentración. Trabajó forzadamente y finalmente fue liberado, viviendo primero en Argelia y finalmente en Uchda, Marruecos (cerca de la frontera con Argelia y cerca de la costa mediterránea), donde dirigió el PSOE de la localidad marroquí en el exilio, ya que el partido fue considerado ilegal durante el régimen franquista. Murió en 1959 y jamás pudo volver a España. Estos datos figuran en su expediente de la Fundación Pablo Iglesias y son públicos a golpe de click.

El 30 de septiembre, Malonyay regresó a Corral junto a Alejandro Ferrant para llevarse 12 obras más. Y ese mismo día, en paralelo, Fernando Gallego y Ramón Martínez Pita vinieron para llevarse 2 referencias más, un libro sobre la vida de Cervantes de Gregorio Mayens y Siscar del año 1751 de gran valor y 40 volúmenes del archivo parroquial. No se llevaron todos porque alguien de la parroquia se adelantó a esconder los que pudo. Nunca recuperó Corral esta última incautación.

Entre el 2 de septiembre de 1938 y el 30 de mayo de 1942 se devolvieron a Corral un total de 81 obras de arte en 9 entregas o lotes diferentes. En la devolución del lienzo del altar mayor se indicó que fue incautado el 10 de septiembre de 1938. Y hay que añadir que, algunas de aquellas 115 piezas incautadas por Malonyay, Lafuente, Gallego, Pita y Ferrant nunca regresaron a Corral de Almaguer, concretamente 32 obras de arte y los ya mencionados libros de Cervantes y 40 volúmenes de la historia de los propios corraleños y que hoy se encuentran en la C/ Serrano 115, en el Archivo Histórico Nacional. Parece poco no recuperar todas estas piezas de un total de 113 obras de arte y 41 volúmenes, pero en realidad es una aberración. El caso es que Thomas Malonyay, la cabeza pensante de esta incautación, no hizo bien su trabajo pese a que, en algunas páginas web, al tipo le describan como un gran profesional. En mi opinión, no fue un gran profesional e hizo un trabajo pésimo, en el cual, perdimos patrimonio histórico, artístico y cultural de una forma irreparable.

Y lo mejor de todo es que el 24 de junio de 1940 regresó el lienzo del altar mayor de Nuestra Señora de la Asunción a Corral. Procedía, según los documentos del IPCE, del Museo Arqueológico Nacional en la Calle Serrano 13, es decir, tiene pinta que jamás estuvo como alfombra en el ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación pese a que era el rumor que corría por Corral como versión más popular. En un momento en el que las brigadas de la CNT se hicieron famosas por destrozar, rajar con las siglas de la CNT y quemar obras de arte sacro, sabemos que el lienzo llegó en muy mal estado. Aquellos casi 2 años de peregrinaje le pasaron factura. Otra curiosidad es que Malonyay lo dató como obra barroca del s. XVIII y en la devolución los expertos lo dataron como obra barroca del s. XVII. Seguramente fuera un error bien de Malonyay, bien de los encargados del museo en 1940, pero eso nos lleva a una incomodidad más que manifiesta. Es decir, la pregunta es: ¿se restauró el lienzo o se desechó por otro también de estilo barroco? Y es que, el lienzo que hay ahora en el altar mayor, es similar, guarda las mismas proporciones, tiene una Virgen que mira a la derecha como el grabado de Cornelis Corp de 1574 que permanece en el British Museum, pero no es el mismo que tenía la iglesia antes de la Guerra Civil. Tras recibir respuesta de la Diócesis de Toledo, de la de Cuenca (Corral perteneció a ella hasta 1955), del IPCE, del Museo Arqueológico Nacional y tras revisar el propio archivo parroquial de Corral, no puedo asegurar aun si el lienzo actual fue una nueva adquisición o una restauración sobre el original recibido en 1940, porque la documentación es muy pobre en cuanto a todo lo incautado y devuelto en esta época. El daño fue irreparable. Tan irreparable que pese a no tener datos, podemos tratar de reconstruir lo sucedido sin echar mucha imaginación.

Por una parte tenemos un lienzo incautado y por otra parte, tenemos una devolución 21 meses y medio más tarde en el que el Museo Arqueológico Nacional nos ofrece dos datos clave: por una parte nos confirma que el lienzo fue incautado el 10 de septiembre de 1938 y por otra nos facilita un dato dolorosísimo, y es que en la devolución se indica que el lienzo viene sin bastidor, algo que ya indicó Malonyay en el momento de la incautación. Este dato es gravísimo. La forma habitual de llevarse una obra así habría sido llevárselo con bastidor o desmontar el bastidor, enrollarlo alrededor de un cilindro o tubo de gran diámetro con la pintura protegida con papel o tela, y volver a montarlo en el lugar de destino. El lienzo viajó al depósito central en San Francisco el Grande, desde donde se decidió enviarlo al Museo Arqueológico Nacional. Estamos hablando de 3 desplazamientos si contamos su regreso a Corral en 1940. En un escenario bélico, a finales de 1938 y ya perdiendo la guerra y sufriendo en la Batalla del Ebro (terminó con derrota republicana apenas 20 días más tarde), la capacidad económica y la excelencia en calidad quizás no daban para más, y es que no siempre había bastidores de sustitución, cilindros para enrollar, vehículos adecuados o personal especializado. Lo lógico es que el lienzo, para poder ser transportado y ser más manipulable, se doblara hasta en dos ocasiones para ir, por ejemplo, en el lateral de un camión. De hecho, aunque no era lo recomendable, existen infinidad de casos, no solo en la Guerra Civil española, sino en otros conflictos. Aunque no se indica en la documentación que yo he examinado, tiene pinta que el lienzo vino en 1940 ya con dobleces, aunque esto no se puede afirmar con alegría. A partir de aquí se hizo una colecta y es donde le pierdo la pista al lienzo. Ningún archivo me ha dado documentación alguna al respecto, lo cual es muy frustrante. Eso sí, a mi modo de ver las cosas, solo hay dos posibles opciones: o compras un lienzo nuevo (más barato o más caro) que luces en tu altar mayor en perfecto estado o encargas una restauración del que ya posees. Lo único que podemos comprobar es que el lienzo actual tiene dos dobleces, que dividen la obra en tres partes iguales, pero eso no significa que estemos hablando del mismo lienzo y que se restaurara ya con esos dobleces, aunque tiene pinta. El principal problema no es identificar al autor, sino determinar la naturaleza del lienzo actual. Si tuviera que dar mi opinión, el lienzo del altar mayo muestra aún sus cicatrices de la guerra.

Las obras de arte fueron recuperadas en varios enclaves madrileños, entre los que figuraban el Museo Arqueológico Nacional, el Museo del Prado, las Iglesia de San Fermín de los Navarros, el frontón Jai Alai, y aunque no se indica en estas relaciones que nos ocupan, algunos de nuestros objetos más preciados se recogieron en la iglesia de San Francisco el Grande que hizo las veces de depósito central.

A continuación, aunque al final del todo adjunto los documentos originales, facilito de forma muy visual la relación de las 115 obras de arte que se llevaron de Corral los días 10 de septiembre de 1938 entre Malonyay y de Lafuente, y las otras 14 que se llevaron el 30 de septiembre de 1938 Malonyay, Gallego, Ferrant y Martínez Pita. En color verde aparecen los que se terminaron recuperando.

Y a continuación adjunto la relación de los 81 objetos que se recuperaron entre 1939 y 1942. Los que aparecen en color verde son los que se recuperaron de las incautaciones de 1938.

Y para terminar y en honor a la justicia, adjunto foto de Thomas Malonyay en la incautación del retablo de la iglesia de Sonseca. Aunque en Hungría no se utilizan 2 apellidos, en una documentación este tipo aparece como Thomas Malonyay Hutflesz, si bien, en este país se suele mencionar primero el apellido y luego el nombre, es decir, Malonyay Thomas.

Thomas Malonyay

Muchos objetos fueron rescatados del museo del Pardo, otros del arqueológico y algunos hubo que ir a buscarlos a San Francisco el Grande en la C/ Bailén. El tema es que la iglesia perdió muchas obras de arte que jamás recuperó. No en vano, la Virgen de la Muela fue escondida lejos de las manos republicanas, si no, quien sabe lo que habría pasado con ella.

Adjunto los documentos oficiales de la incautación y de la devolución.

Y adjunto el documento en pdf con las obras de arte devueltas tras la guerra.


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