Decir iglesia y Madrid es decir los Jerónimos, San Francisco el Grande, San Ginés de Arlés, la ermita de San Isidro, San Pedro el Viejo o incluso la catedral de la Almudena, pero quizás muchos no sepan que hubo una iglesia por la que pasó todo quisque, y esa no fue otra que la iglesia de San Sebastián. Hoy es un auténtico “mazacote” mandado levantar en época de Franco, pero antes de eso fue una iglesia preciosa que guardaba una rica historia.
Para comenzar, estamos hablando de una iglesia renacentista con reformas barrocas, muy bajita ella y con una torre espigada que se encontraba en el nº 39 de la C/ Atocha, y a escasos metros del palacete de la familia de Eugenia de Montijo en lo que hoy es el hotel Reina Victoria de la Plaza de Santa Ana.

Disponía de un pequeño cementerio en el que estaba enterrado un tal Lope de Vega, pero si era famoso este templo era porque en su interior estaba la Virgen de la Novena, la patrona de los artistas. Cada vez que un actor o actriz conseguía un papel en los mentideros para representar en el teatro de Santa Cruz (los polacos eran sus espectadores) o en el Teatro de Comedias (los chorizos eran denominados sus asistentes) acudían a rezarle a esta virgen.
El tema fue que, esta iglesia fue una de las que algunas facciones republicanas profanaron los famosos días 11, 12 y 13 de mayo de 1931 con el silencio cómplice del gobierno. El colofón fue cuando llegó la Guerra Civil. La 2ª República albergó un polvorín según constata la propia parroquia, y ante las sospechas de los nacionales, allí que enviaron a sus aviones para bombardearla. Unos se la cargaron por dentro y otros por fuera. Esta iglesia definía a la perfección lo que era un español, o estás conmigo o contra mí. ¡Menos mal que esas cosas ya no pasan!
En el bombardeo perdimos la iglesia, pero no a Lope de Vega, que ya lo habíamos perdido en el s. XIX, y es que, en Madrid, si eres un crack, Madrid debe perder tu cuerpo. Perdimos a Lope de Vega, a Calderón de la Barca, a Velázquez, a la cabeza de Goya y acabamos de encontrar a Cervantes. ¡Somos la pera!
Tras la contienda se mandó reconstruir una iglesia que es eso, un mazacote neobarroco sobrio en medio del Madrid de las Letras, y que nada tiene que ver con aquella iglesia del Renacimiento por la que pasaron decenas y decenas de ilustres tanto para bautizarse, como para casarse o recibir la última misa en su funeral. Presidentes, escritores, artistas, etc, aparecen en las 3 losas de la entrada que, más que recordarles, parecen el callejero de Madrid.

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