La primera monarca constitucional de la historia de España estuvo siempre envuelta en rumores y problemas. Huérfana a los tres años de edad y con un tío que quería ser rey, Carlos María Isidro, se dio comienzo a una serie de guerras carlistas y a una regencia de su madre por diez años, María Cristina de Borbón Dos Sicilias.
Con solo trece años se puso a reinar entre caprichos y debilidades de todo tipo, no en vano, se la denominó como “la de los tristes destinos”. Incapaz de ser resolutiva, ingenua como pocas, lo que de verdad le iba a esta “reina castiza” era la fiesta. Se acostaba a las 5 de la mañana y se levantaba a las 2 de la tarde. Luego decimos que si Froilán.
Los estudios no eran lo suyo, siendo bastante tosca en caligrafía. Las matemáticas se le cruzaban más que Sharon Stone. Sí, cierto, la mayoría de la población no sabía leer y escribir, pero en la media de la corte, ella estaba en un “necesita mejorar” muy claro. Algunos pensaban que la chica era retrasada, no digo más.
Torpe en estudios, pero “ninfómana” según algunos, como así insinuaba el general Francisco Serrano, es decir, en la línea de los Borbones. El Papa Pío IX dijo de ella que “es puta pero pía”. ¡Toma ya! Se quedó “esponjao” el menda. La historiadora Isabel Burdiel afirma que lo que pasó fue que estuvo mal casada y que no fue ninfómana, siendo todo producto de sus detractores. Tuvo muchos amantes, pero es que en la época era lo normal en la aristocracia. Para eso no era tan retrasada, sino todo lo contrario. La comidilla que siempre le perseguirá, incluso, después de muerta, es quien fue el verdadero padre de su hijo, un tal Alfonso XII. Hay quien afirma que llegó a decir que la única sangre “borbona” que corría por la venas de su hijo era la suya propia. Se rumoreaba que el padre era un militar valenciano llamado Enrique Puigmoltó y Mayans, un tipo que no andaba descalzo pues era el vizconde de Miranda y conde de Torrefiel (y no estamos hablando de la torre parisina que se escribe parecido pero no igual).
Lo de mal casada no está mal tirado, y es que su marido fue Francisco de Asís de Borbón, un homosexual tan reconocido que, al enterarse la reina de con quien debía casarse, pare ser que dijo algo así como “¡no, con Paquita no!”. ¡Pobrecilla! De su luna de miel llegó a contestar “qué voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía”. Con ese escenario, la tipa se dio a los amoríos y a ponerse hasta arriba de comer. Comía más que un primo lejano en una boda.

Con todo y con esto, su gran escándalo fue el del episodio de los “sucesos de palacio del 28 de noviembre de 1843”. Recién nombrada Isabel II mayor de edad y recién salido el general Espartero de la regencia, se designó al riojano Salustiano Olózaga nuevo presidente del Consejo de Ministros. Este tipo pertenecía al ala progresista, estando al frente del ala conservadora un tal Pedro Jose Pidal. Pues bien, la reina de 13 años llegó a afirmar que Olózaga entró en su habitación para obligarla a firmar un documento por el que debía disolver las cortes. La intriga palaciega fue brutal y es uno de esos episodios en lo que uno tiene la sensación de que todo el mundo mentía, es decir, la reina en su afirmación, Olózaga en la negación, y los conservadores en su acusación. El caso es que Olózaga huyó del país y dejó vía libre a los conservadores. Ojo, que una de las versiones era que, ya, a esa edad, la reina tuvo a Olózaga como amante, siendo él el que la “desfloró”. Todo parecía más falso que un negro con el pelo liso.

Otro suceso notable fue cuando el cura Martín Merino intentó asesinarla en el bautizo de su hija Isabel en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, pero el estilete se dio de bruces con un bordado, que ya fue casualidad.
Murió en París, donde se exilió con la protección de Napoleón III tras la revolución de la Gloriosa, una sublevación militar que dio lugar a un sexenio democrático entre 1868 y 1874. En esos años hubo una monarquía parlamentaria con Amadeo I y una primera República que terminó siendo un chiste, pero que, en cualquier caso, fueron dos intentos de iniciar una democracia que no terminó de cuajar.

Descubre más desde Relatos de la Historia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Buena historia, y muy amena