Hace unos capítulos comenté que España salvó a Europa hasta en dos ocasiones. Pues bien, esta es esa segunda ocasión. ¡Para enmarcar!
Fue hace cuatro siglos y medio, un 7 de octubre de 1571 y del que apenas se festeja nada en la actualidad. Los otomanos de Selim II y comandados por su yerno Ali Bajá amenazaban a media Europa y al Mediterráneo. Habían llegado a Viena, conquistando Chipre tras un proceso siempre expansivo hasta amenazar Venecia y Sicilia.
En esta ocasión se creó la Liga Santa gracias a Felipe II y al Papa, y estando al frente el hermanastro del rey, Juan de Austria, asesorado por el gran cerebro de Luis de Requesens, un catalán que fue Comendador de Castilla y al que la historia y el mismo Juan de Austria han tapado injustamente. Se unieron España, Roma, las repúblicas de Venecia, Génova, los ducados de Saboya y Toscana, y las órdenes de Malta y de Calatrava, y en la ciudad griega de Náfpaktos (Lepanto por su nombre en italiano) se frenó en seco a los otomanos, protegiendo así de su avance a la vieja Europa.

Sobresalió un tal Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, un almirante que jamás perdió una batalla, que utilizó las picas de los tercios para abordar al enemigo, y que pasó a la historia militar por introducir en estas operaciones navales a la infantería de marina, creando por primera vez las operaciones anfibias. Madrid honra su persona en la Plaza de la Villa.
Como dato curioso, decir que don Álvaro de Bazán es conocido como Marqués de Santa Cruz, y es que su título se refiere a Santa Cruz de Mudela, un pueblo de Ciudad Real. Pues bien, cerca, en un pueblo llamado Viso del Marqués (Ciudad Real), estableció su residencia este héroe nacional, ya que en este lugar del centro peninsular, el menda consideró que se encontraba equidistante de las escuadras de Cádiz, Cartagena y Lisboa. Sí, sí, en medio de la Mancha. Claro, lo último que te esperas en esas tierras de secano es encontrarte con semejante palacio, una auténtica joya que sirve de Archivo de la Marina. ¡En la Mancha!

Digna de resaltar en esa batalla y en esa fecha es la herida en una mano izquierda que quedó inutilizada en un manco que describió esta contienda en sus Novelas Ejemplares y en el mismísimo Quijote, «la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos, ni esperan ver los venideros».
Quedó pues establecida la festividad de La Virgen del Rosario, el 7 de octubre, también llamada en aquel entonces Virgen de las Victorias, hoy patrona de los Predicadores, o sea, de los dominicos, archiconocidos por su gran fundador Santo Domingo de Guzmán, y “startaperos” en eso de emprender como inquisidores en España y América.
Es importante señalar que tanto en 1212 en Navas de Tolosa, como en 1571 en Lepanto, los cristianos, en sendas batallas, fueron minoría. Llamativo es como hechos tan relevantes para tantas personas, tantos países y para nuestra cultura occidental, apenas sean en la actualidad fechas celebradas, conmemoradas, recordadas.

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