Miguel de Cervantes y de Cortinas, alcalaíno de nacimiento, nunca se apellidó Saavedra. Lo de Saavedra viene de una parte lejana de su familia paterna que daba más abolengo a su propia firma en sus obras. Su madre, Leonor de Cortinas, era de “mejor” familia que la de su padre. Los Cortinas eran de Arganda del Rey y vivían en una lujosa casa situada en la calle San Juan y hay quien afirma que, posiblemente, Miguel de Cervantes naciera en Arganda del Rey antes de ser llevado a bautizar a Alcalá de Henares once días más tarde. Otra teoría es que, tras salir de su cautiverio en Argel, asume el apellido Saavedra que en árabe es “shiabe-dra” y que se traduce como “el manco”. Lo de Saavedra siempre fue una “cortina” de humo, un fake.

Placa en la iglesia de San Juan Bautista de Arganda del Rey

Enemigo de Lope de Vega en lo literario y casi en lo personal, no tuvo la suerte de vender tan bien como Lope sus obras en vida, pero mira por donde, va y escribe el Quijote, la obra más traducida de la historia después de la Biblia, o al menos, esa es la cantinela que siempre nos han contado. ¿Quién se lo ha leído? Eso ya es otro cantar, al menos, aquí en España. El Quijote, de 1605, es la primera novela moderna de la historia y adquirió una importancia enorme por ser una voraz crítica a las novelas de caballería y muy alejada de las novelas románticas de la época que eran auténticos “pasteles”. La obra utiliza un total de 23.000 palabras diferentes de un total de 93.000 que comprenden el castellano, cuando una persona culta utiliza de media unas 5.000. Quizás por ello, su lectura, aunque gratificante, no es lo que se dice sencilla precisamente.

De hecho, lo que conocemos como el Quijote son realmente dos partes, siendo la primera “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, y la segunda “El Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha”, la cual se escribió para tapar un Quijote apócrifo de un tal Avellaneda, cuyo objetivo no fue otro que criticar y burlarse de la primera parte del Quijote. El tal Avellaneda algunos afirman que era Lope de Vega y otros creen que fue Jerónimo de Pasamonte, un soldado y escritor de la batalla de Lepanto. Ambos fueron atacados en la primera parte del Quijote por Miguel de Cervantes, por lo que algo de venganza había en toda esta historia.

Si no se quiso acordar del nombre del lugar de la Mancha, ¿a qué se debía? Quizás le habían tratado mal en dicha localidad. Dicen que ese lugar es Villanueva de los Infantes, pero es imposible porque en el s. XVI, esa localidad no pertenecía al Común de la Mancha. ¿Cuántos pueblos eran del Común de la Mancha en el s. XVI? Según algunas fuentes, veinticuatro en total, por lo que el Ingenioso Hidalgo debe ser de uno de estos veinticuatro pueblos y, además, no debe nombrarse en la obra cervantina, por lo que el número de candidatos se reduce considerablemente. ¿Cuáles eran esas veinticuatro localidades? Alcázar de San Juan, Arenales de San Gregorio, Campo de Criptana, Cebezamesada, Corral de Almaguer, El Toboso, Horcajo de Santiago, La Puebla de Almoradiel, La Villa de Don Fadrique, Los Hinojosos, Manjavacas, Miguel Esteban, Mota del Cuervo, Palomarejos, Pedro Muñoz, Pozorrubio, Quintanar de la Orden, Santa María de los Llanos, Socuéllamos, Tomelloso, Villaescusa de Haro, Villamayor de Santiago, Villanueva de Alcardete y Villaverde. Ahora bien, otras fuentes muy creíbles dictaminan que algunos de estos pueblos no formaron parte, jamás, del Común de la Mancha.

Y es muy llamativo que, habiendo tres grandes pueblos de aquel Común de la Mancha, uno nunca sea nombrado, un pueblo con casas solariegas, hidalgos, barbero, cura, licenciados y comercio y de hecho, era el segundo más poblado en 1603, con 1.228 habitantes. Los otros dos grandes pueblos del Común de La Mancha eran El Toboso y Campo de Criptana, y Cervantes los nombra.

Ojo con esta otra controversia de si estos pueblos, al 100%, pertenecían o no al Común de la Mancha porque todo se puede mezclar si partimos de la base que, desde el s. XIV había tres «comunes» en la zoma: el Común de la Mancha, el Común de Uclés y el Común de Montiel. La diatriba viene porque desde 1353 ,”El Común de La Mancha” fue declarado por el entonces Maestre de la Orden, don Fadrique que, a su vez, era hijo del toledano Alfonso X el Sabio. Este común se quedó encuadrado en los territorios existentes entre el río Cigüela y el río Záncara con cerca de 30 núcleos de población.

Territorio aproximado del Común de la Mancha en 1353, es decir,
250 años antes de la publicación del Quijote.

Estudios recientes y minuciosos de historiadores como Rufino Rojo y Félix Fernández-Clemente, revelan que el pueblo “maldito” debía ser un pueblo cercano a Quintanar de la Orden y no debería estar lejos de El Toboso, el lugar de residencia de la bella Dulcinea, ya que, desde allí, Rocinante llegaba casi solo a su cuadra. Un pueblo que jamás tuvo molinos y que por ello debieron parecerle gigantes y extraños al protagonista en su locura. Y pueblos manchegos sin molinos no había tantos.

Mapa (no exento de controversia) de los pueblos del Común de la Mancha del s. XVI. Algunas fuentes muy sólidas mencionan que el Común de la Mancha no comprendería los pueblos del del norte que se indican en esta cartografía. Según estas fuentes, el rio Cigüela debería ser el límite norte.

La mujer de Cervantes, Catalina de Salazar, era de Esquivias, no muy lejos del norte de este Común de la Mancha. Solo un pueblo de estos veinticuatro, el pueblo maldito, se puso de parte de Carlos I de España y V de Alemania en la Guerra de las Comunidades, siendo hoy la Muy Noble y Leal Villa que aún conserva en su escudo. Se trata de un pueblo que obtuvo favores en detrimento del resto, entre ellos, la no lejana Esquivias de los familiares comerciantes de don Miguel. Es por ello, quizás, que el Común de la Mancha no incluyera al pueblo maldito, precisamente, para defenderse de los privilegios obtenidos por esta localidad. El caballero de la Orden de Santiago y secretario de Maese Alonso de Cárdenas, Comendador de Ocaña y embajador de Fernando el Católico en Roma, era de este pueblo maldito, Juan García-Gasco, de ahí que años más tarde se volcara con su rey. De hecho, su hermano, el capitán Antón García-Gasco, fue quien venció en la batalla de El Romeral y de la Sisla de Toledo a los comuneros. El rey, Carlos I, lo agradeció por carta enviada desde Bruselas. No fueron los únicos vecinos del pueblo maldito en aquella contienda, siendo mas que curiosa la intervención de la familia Collado, familia de referencia de dicha localidad y es que, uno de sus miembros falleció a consecuencia de un flechazo recibido en el muslo al bajarse del caballo para hacer aguas menores. Hoy en honor a los Collado hay una capilla en la iglesia del pueblo maldito, la más antigua de dicha iglesia.

Capilla de los Collados

De este pueblo era Martín Gasco, maestrescuela de la Catedral de Sevilla y posteriormente obispo de Cádiz, que no llegó a ocupar su cargo porque murió en aquel mismo año de 1563 y de ahí que no figure en el listado oficial de obispos de Cádiz. También fue embajador de Carlos I ante el papa Clemente VII. Nombró a su sobrino, Andrés Gasco, maestreescuela de la catedral e inquisidor general de Sevilla, y a Alonso Gasco como racionero de la catedral (posiblemente familiar pero sin haberse podido documentar), un tipo que está enterrado en la mismísima catedral sevillana bajo una lápida de alabastro. Cuarenta ciudadanos de este pueblo fueron a las Indias con el permiso de la curia de la catedral de Sevilla (Andrés Gasco debía estar dentro de aquella institución, si bien solo se mencionan al deán y al cabildo en general) y no así Cervantes, que hubo de conformarse con Lepanto, cayendo preso y resultando manco (en realidad lo que perdió fue la movilidad de su mano izquierda). Descendiente de estos emigrantes a América es Edward L. Romero, embajador de EEUU en España y Andorra de la administración de Bill Clinton entre 1998 y 2001, y recibido en el aeropuerto de Barajas por el alcalde del pueblo maldito. Hoy tiene una plaza en su honor en esta localidad manchega y los indios navajos de Oke Oweenge (Nuevo México) trajeron un tributo y bandera a la ermita ubicada en lo alto de un pequeño otero.

Bandera de los indios navajos a la entrada de la ermita o santuario de Nuestra Señora de la Muela Coronada

Como recaudador de trigo y aceite, Cervantes confiscó un poco más de lo debido en tierras andaluzas y fue excomulgado en Écija por el racionero de la catedral de Sevilla, Alonso Gasco, de la misma familia. Hoy estos Gasco tienen la capilla más espectacular en la iglesia plateresca del pueblo maldito. Una capilla mandada construir por Martín Gasco, con una reja del s. XVI y en honor a la Magdalena, ya que también fue el fundador del Colegio de la Magdalena de Salamanca.

Esculturas en la capilla de los Gascos. Obispo Martín Gasco y su hermano Antón Gasco, militar que participó en la guerra de las Comunidades

En 1594 Cervantes acude a Granada para recaudar impuestos de la mano de Francisco Suárez Gasco, sobrino de Pedro Gasco, consejero de Felipe II e inquisidor de la Suprema, e hijo de Juana García-Gasco, hermana del obispo de Cádiz. ¡Otra vez los Gasco! “Con la iglesia hemos dado, Sancho”.

Plaza dedicada a Edward L. Romero, embajador de EEUU en España y Andorra.

Las comisiones de lo recaudado se las entregó a Simón Freire y tras la bancarrota de éste, Cervantes regresó a Sevilla para demostrar su inocencia, pero fue denunciado, condenado y llevado a la cárcel de Sevilla, la más grande del reino entonces, un lugar peligroso. Fue liberado más tarde por el rey, pero para entonces se cree que ya había comenzado su obra, el besteseller por antonomasia. Es curioso como este apellido, el García-Gasco de esta localidad maldita, recientemente dio un cardenal, el de Valencia, Agustín García-Gasco, fallecido en Roma en 2011.

Tumba del cardenal de Valencia Agustín García-Gasco Vicente en la Capilla de San José de la catedral de Valencia

El Manco de Lepanto terminó sus días viviendo en la calle León de Madrid, esquina con la hoy calle Cervantes, la misma calle en la que vivía Lope de Vega. ¿De quién era esa casa? Pues de su casero, Gabriel Martínez, un tipo que provenía del pueblo maldito, un tipo del que Cervantes se hizo buen amigo. Además, el hijo de Gabriel Martínez era Francisco Martínez, capellán del convento de las Trinitarias, el mismo que ejerció de presbítero y testigo en su entierro, el 23 de abril de 1616. Francisco Martínez fue, además de su casero, su testamentario. Recientemente se han descubierto los restos del genio de la literatura en este convento madrileño.

Casa en la que falleció Miguel de Cervantes en Madrid. Esquina de las calles León y Cervantes.

Es curioso que, para tener tanta relación con este pueblo, el segundo en tamaño del Común de la Mancha de aquella época, no lo nombre ni una sola vez en una obra de más de mil páginas, ¿verdad? Esto es solo una teoría y jamás se podrá probar nada, por supuesto, de ahí que el averiguar qué pueblo tiene el dudoso honor de ser ese pueblo maldito sea algo casi romántico, una quimera.

Lo demás todos lo sabemos y es que si Cervantes se puede asociar a unas líneas, esas son las de “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…” esa obra inmortal que habla de un lugar del que no debió tener gratos recuerdos, un pueblo maldito para él en su época de recaudador de impuestos, un lugar que le marcó y que le persiguió, el lugar de residencia de Alonso Quijano, ese lugar en donde la Mancha empieza a ser, Corral de Almaguer.

Fachada principal de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Corral de Almaguer (Toledo)

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